Personajes Gergaleños Ir página anterior


Aben Mequenum (Fco de Puertocarrero) l Diego Hernández El Chaguid l Juan Hernández Carreño

 José Montero y Vidal l Sebastián Pérez García l Justo González Márquez l Luis Magaña Bisbal

W. Sader l Juan Antonio de Soria Contreras l Aureliano González Urrutia


(Aquí se encuentran biografías de gergaleños/as que han destacado en algunas facetas de su vida. Si conoce  algún gergaleño/a que considere deba figurar en esta página, comuníquelo a la dirección de correo: juanlopezsoria@yahoo.es o dígalo en el Foro) 

Aben Mequenum (Francisco de Puertocarrero)

Insigne Capitán Moro de la historia de Gérgal

       Su nombre morisco o de cristiano nuevo es Francisco de Puertocarrero que debe tener relación con el apellido Portocarrero de la nobleza castellana de origen asturiano. Este apellido procede del lugar de Portocarreiro (Portugal) con que fue recompensado Raimundo García, primero de la dinastía Portocarrero, al ayudar a Alfonso Enríquez, primer rey de Portugal en 1143 (Alfonso I). La razón por la que nuestro protagonista lleva este apellido no está clara y puede deberse a una de estas tres hipótesis:

       1) Alonso de Cárdenas, primer Señor de la Puebla del Maestre (municipio de Badajoz, antes del Decreto de 1833 pertenecía a Sevilla), Maestre de Santiago, era el dueño del señorío de Gérgal, Bacares, Velefique y Febeire (creado el 25-6-1492) tras la conquista del reino de Granada por los Reyes Católicos. Murió en 1493 y heredó el señorío su hija doña Juana de Cárdenas que se casó con don Pedro Portocarrero, señor de Moguer. Fundaron en 1514 el mayorazgo de sus villas y lugares para su segundo hijo Alonso de Cárdenas y Portocarrero, primer Conde de la Puebla, yerno del primer Marqués de Mondéjar Iñigo López de Mendoza y Quiñones y segundo Conde de Tendilla, conocido como “El Gran Tendilla” (primer alcaide de la Alhambra y Capitán General de Granada). Francisco de Puertocarrero puede llevar este apellido porque el Conde de la Puebla también lo tenía en su linaje y pudo apadrinar a su familia, que debían pertenecer a la nobleza árabe, cuando se convirtieron en cristianos nuevos (moriscos).

       2) Pudo ser heredado de su propia familia -su padre se llamaba como él-, pues también es un apellido mozárabe -cristiano que vive en territorio musulmán- enlazado con moriscos.

       3) Porque procediera de Puertocarrero, anejo de Gérgal hoy deshabitado, ya que era costumbre poner en el nombre castellano el lugar de origen de su familia como es el caso de Fernando de Válor (Granada), que más tarde sería proclamado rey de los moriscos con el nombre de Aben Humeya. Por otro lado, el nombre de Puertocarrero de este anejo, es probable que esté vinculado al Conde de la Puebla que tenía este apellido.

       Su nombre árabe era Aben Mequenum. Fue uno de los primeros veintitrés capitanes nombrados por Aben Humeya -de la dinastía de los omeyas, califas de Córdoba, que descendían de Fátima, la hija mayor de Mahoma- en la ceremonia de su proclamación como rey de los moriscos sublevados el 24 de diciembre de 1568, víspera de Navidad, en Cádiar (Granada). Cabe la duda de si el cabecilla de la rebelión en Gérgal era el padre o el hijo, yo me inclino a que debió ser el hijo, teniendo en cuenta la juventud que debía tener para participar en tantas acciones de guerra, la agilidad que demostró en los Juegos Moriscos de Purchena y la canción que cantó por la nostalgia de su amada. Su padre, Francisco de Puertocarrero, fue nombrado en 1568 alcaide del castillo -encargado de su guarda y defensa- y alcaide-gobernador del señorío por el Conde de la Puebla que gozaba de su confianza para que en su ausencia tuviera el mando del señorío. Don Alonso de Cárdenas, tercer Conde de la Puebla, estaba en Granada al producirse el levantamiento y al mando de su gente combatió a los insurrectos en varias batallas al lado del Marqués de Mondéjar, teniendo un papel destacado en la guerra y contribuyendo a la victoria final de los cristianos sobre los moriscos.

       La rebelión de los moriscos contra el poder del rey Felipe II se produjo como consecuencia de la publicación de una Pragmática (ley), que fue la gota que colmó el vaso, en la política de aniquilación de su religión, lengua y costumbres. Los derechos que los Reyes Católicos habían garantizado por escrito en las Capitulaciones de Santa Fe (Granada), en 1491, para la rendición del reino nazarí, pronto fueron violados. Hasta 1499 el arzobispo Talavera intentó su conversión al cristianismo pacíficamente en un clima de tolerancia. En 1499 se endureció la evangelización con la llegada del Cardenal Cisneros que decretó la conversión masiva, produciendo revueltas moriscas como la que sucedió en Velefique. A partir de entonces el problema siguió latente y se les permitieron encubiertamente sus prácticas con tributos hasta que estalló el levantamiento la noche de Navidad de 1568 para coger desprevenidos a los cristianos que celebraban la Nochebuena.

      Gérgal, era un enclave importante del reino nazarí de Granada durante la conquista castellana y también va a tener un papel destacado en la Rebelión de los Moriscos dominando el pasillo natural entre el Cenete, Fiñana, Tabernas y Almería. Al producirse el levantamiento de los moriscos en las Alpujarras, Gérgal y su castillo, van a ser pieza clave para extender la rebelión por el río de Almería y la cuenca del Almanzora. Los moriscos de la ciudad de Almería fueron avisados de que tomando la torre de Huéneja y el castillo de Gérgal se juntarían muchos para conquistar la ciudad. Los capitanes moriscos el Rami (alguacil de Instinción) y el Gorri (de Laujar), al mando de bandadas de moriscos alpujarreños, atravesaron la sierra penetrando en el río Almería y llegaron a Gérgal para extender la rebelión y ayudar a Francisco de Puertocarrero. Conquistaron el castillo y quemaron la primitiva Iglesia de Santa María que estaba a su derecha. Se dispusieron a hostigar en dos direcciones: la cuenca del Almanzora en la que fracasan y el pasillo Cenete-Fiñana en la que amotinan con facilidad Abla y Abrucena, pero se resiste el fuerte de Fiñana. El Cenete, que en principio se niega a levantarse, acaba amotinándose el día de Reyes ante la amenaza de ser pasados a cuchillo, sin embargo el Castillo de la Calahorra resistirá el asedio morisco. Cuando se disponían a marchar sobre Almería los moriscos concentrados en Gérgal tuvieron que retroceder ante la llegada del Marqués de los Vélez, don Luis Fajardo, con su ejército de 14.000 hombres, que entraba en acción en la guerra para aplastar la rebelión.

      Los historiadores Mármol Carvajal, Bermúdez de Pedraza y Justino Antolinez de Burgos cuentan que el alcaide de Gérgal, Francisco de Puertocarrero, y su hijo engañaron a los cristianos ofreciéndoles su protección para que se refugiaran en el castillo y cuando estaban allí los degollaron. Los nombres de los muertos que se citan son el Vicario D. Diego Acevedo y su anciana madre, el Beneficiado Simón, natural de la ciudad de Lorca, al que le hicieron que los llamase por el padrón, como solía cuando decía misa, y después de haberle hecho mil injurias, le echaron una soga a la garganta, y le llevaron arrastrando al campo donde le enterraron en un hoyo hasta la cintura, le cortaron la nariz, orejas y lengua y sirviéndoles de blanco lo mataron con una bala; también mataron al Beneficiado Paz y su hermana, al escribano del juzgado Bernardo García y muchos cristianos más. Puertocarrero mandó echar sus cuerpos en el campo para alimento de las bestias y aves del cielo, quedando dos mujeres con vida durante siete días alimentándose de nieve hasta que pasaron por allí unos soldados de Baza que las socorrieron. Puertocarrero se marchó con su gente a la Alpujarra cuando se enteró que se aproximaban el Marqués de los Vélez y del Marqués de Mondéjar y para ganarse su voluntad les mandó las mujeres que había hecho cautivas, pero el Gorri entendiendo que era para rendirse y que lo había hecho sin orden suya, envió tras ellas unas tropas de moros que las alcanzaron en el camino de Ohanes, matando a veinticinco mujeres, entre ellas estaban las hijas del licenciado Blas de Viedma (gobernador de Santa Cruz al que habían martirizado unos días antes) y Beatriz de Riquelme, mujer de Pedro Manuel y María de Morales, mujer de Pedro Delgado. Cuando el Marqués de los Vélez se enteró de lo sucedido y viendo que la ciudad no tenía peligro, atacó al castillo de Gérgal, lo tomó y una vez dominado todo el valle se alojó aquella noche en Olula. Al día siguiente atravesó la Sierra de Filabres con mucho frío, agua y viento para llegar a Tabernas donde permaneció trece días del mes de enero de 1568.

       Francisco de Puertocarrero ha pasado a la historia como un personaje importante de la causa morisca. Fue el cabecilla del levantamiento de Gérgal y desde su castillo estaba al mando de cuatrocientos hombres para dominar el río de Almería. Participó en numerosas batallas y escaramuzas contra las tropas cristianas. Una de las más sonadas fue la batalla de Berja en la que luchó con sus hombres junto a Aben Humeya con un ejército de más de 10.000 soldados contra las tropas del Marqués de los Vélez que fue el vencedor. Al ser sofocada la rebelión cayó en manos del Marqués de Mondéjar que mandó atenazarlo en Granada, siendo allí descuartizado en 1570.

        Para conocer un poco más a este personaje e intuir su personalidad he seleccionado unos cuantos pasajes de la obra “Guerras civiles de Granada” (1595) de Ginés Pérez de Hita, escritor e historiador del siglo XVI y XVII que vivió de cerca la contienda como soldado de las tropas del Marqués de los Vélez. Hay que decir que su versión de los hechos es partidista porque los cuenta desde el prisma cristiano. Algunos hechos y situaciones son inventados para darle mayor interés novelístico y apoyo a la causa de los vencedores. No obstante, su obra tiene gran importancia por ser un testigo de lo sucedido. Los pasajes seleccionados pertenecen a los Juegos Moriscos convocados por Aben Humeya que se celebraron en Purchena el 27 de septiembre de 1569 en plena guerra y este hecho sí fue real. Duraron doce días y participaron en ellos los capitanes moriscos entre los que estaba Francisco de Puertocarrero. Estos Juegos están considerados como una continuación de las Olimpiadas griegas a la vez que precursores de los Juegos Olímpicos actuales. Así los relata Pérez de Hita:

       “… Pues es de saber que Abenhumeya, después del cerco que puso a Vera tan vano a su pretensión, se retiró a Purchena con todo su campo, determinando de aguardar allí a Murcia y su Reyno, si acaso fuera que le querían seguir, y visto que Murcia y Lorca no le seguían, determinó de hazer unas solemnes fiestas para alegrar sus gentes y todo su campo, y assí mandó que se pregonasen las fiestas en esta forma:

        Al que en travada lucha mejor lo hiciese, le daría cien escudos en oro y le coronaría de hojas de un verde laurel.

      Más aquel que se mostrasse más suelto y corriesse más ligero y llegasse primero al puesto diputado, le daría otros cien escudos de oro.

         Más al que de tres saltos alcançasse más tierra, le daría otros cien ducados en oro.

       Más al que más tiempo sustentasse un canto de seys arrobas en el hombro, le daría otros cien escudos en oro y un rico alfanxe.

        Más al que mejor y más gallardamente dançase la zambra con una bella Mora, le daría una ropa de seda fina hecha en Argel. …

         Más a la Mora que mejor dançasse, le daría una riquíssima marlota y quatro almayzales finos.

        Más al Moro que mejor tañesse y cantasse a la morisca y mejor canción dixesse o romance, le daría un hermoso cavallo aderezado y enjaezado.

        Más a la Mora bella que cantasse mejor y mejor canción arábiga dixesse, le daría una hermosa marlota guarnecida de oro.

         Más al Moro que mejor tirador fuesse de canto, treinta escudos de oro y un alfanje.

         Más al Moro que mejor tirasse con escopeta o arco le daría diez ducados de oro.

         Más al Moro que tirasse más derecho y certero con honda, le daría diez ducados en oro. … 

        …Todas estas fiestas y cosas se havían de hazer en la plaça de la ciudad de Purchena, que para poderlos hacer era muy grande y ancha, y para esto mandó que la plaça fuesse toda aderezada y arenada y todas las paredes y ventanas muy entoldadas de ricas telas de sedas y lienços labrados y blancos; y todos estos juegos tan diversos unos de otros los ordenó el Reyecillo por no tener orden de correr toros ni tener cavallos y aderezos para juego de cañas, y assí con estas doze cosas diferentes unas de otras su campo y gente se podía alegrar y exercitar; todo lo cual se avía de hazer dentro de doze días, los quales bien sabía él que podía estar quieto y seguro de assalto de los Cristianos, atento que el Marqués de Vélez estaba aguardando orden en Adra…

        Pues llegado el día señalado que se havía de hazer la peligrosa lucha entre los más fuertes y robustos moços del campo, mandó Abenhumeya que a un lado de la plaça se pusiesse un rico dosel de seda, el qual era hecho de palios de las iglesias por los Moros saqueadas, y debaxo del dosel un rico asiento para que él se sentasse, y otros asientos de no tanto valor para sus Capitanes y Cavalleros más allegados. Y sentado Abenhumeya en su asiento, y a la par dél muchos Capitanes y Cavalleros de estima, començaron a sonar muchos instrumentos de guerra, añafiles y dulçaynas, atabales y otras cosas dignas de alegrar semejantes fiestas. Todos los terrados y ventanas estavan ocupados de muy hermosas y arreadas damas Moras; toda la plaça llena de muchas gentes de todas las Alpujarras y ríos de Almançora y Almería y de otras partes del Reyno de Granada, y todos estavan alistados con sus armas a punto de guerra como buenos soldados, por si acaso fuesen menester las armas, que estuviesen aprestadas…”

La primera prueba fue la lucha cuerpo a cuerpo, que comenzó con el combate entre el capitán turco Caracacha y el capitán morisco el Maleh de Purchena, que sería el ganador tras una encarnizada lucha. Después combatió el capitán turco Mamiaga con el capitán morisco el Jorayque, que también ganó, quedando los turcos muy enfadados. Aben Humeya mandó que se finalizara esta prueba para evitar más problemas y que siguiesen los demás juegos y pruebas, quedando molestos por no haber participado los capitanes Abenayx, Almoçávar, El Gorri, Gironcillo, Puertocarrero, Zarrea, Abonvayle, Alhadra, Alrrocayme y El Derri que estaban alistados.

Al día siguiente se probaron las fuerzas de los fuertes varones levantando ladrillos con una mano. Comenzó Abenayx de Cantoria levantando veinte ladrillos, le siguió el capitán turco Caracacha que intentó levantar más y sólo pudo con veinte pero no tan altos como Abenayx. El siguiente participante fue Puertocarrero, y así lo narra Pérez de Hita:

            “… Estando en esto se oyeron caxas y dulçaynas, y no tardó que no pareció un hermoso escuadrón muy bien adornado, cuyo valeroso Capitán era Puertocarrero el moço, hijo del Alcayde de Gérgal, el qual venía todo vestido de una ropa encarnada toda guarnecida con fresos de oro; su borceguí datilado hecho en Argel y un rico alfanje colgado del hombro, de un hermoso y rico tahalí. Llevava un bonete turquesco y en él un rico penacho blanco y encarnado; en su vandera no traya cosa de letra, sino sólo media luna y un zancarrón. La bandera era roja, más él entró a la española, como gallardo Capitán: una gineta en la mano, y delante dél un page bien aderezado que llevava un escudo muy rico, dorado el campo azul y en medio una letra que dezía assí:
  “Si la que me fuerça a mí
poniéndome brío y fuerça,
hora estuviera ante mí,
se me doblara la fuerça
como pareciera aquí.”
       Esta letra sacó el Moro Puertocarrero, indigno de tan soberano nombre, porque andava amartelado de una hermosa Mora, natural de su tierra, llamada en castellano Brianda, y en arábigo Fátima; y porque le dava grandes favores, dezía el Moro en su letra que ella le doblava el ánimo y la fuerça, y que si la tuviera en tal ocasión delante, que allí en la prueva ninguno se la ganara. A todos pareció muy bien el gallardo Puertocarrero; más mejor pareció quando fue hecho cuartos en Granada. Pues como entrasse por la plaça, rodeándola toda, passó por delante de Abenhumeya y le hizo grande acatamiento, y dexando su escuadrón assí en orden como estava se fue a donde avía de probar sus fuerças,  y en llegando halló los ladrillos descompuestos, porque Caracacha, mohíno de no poder alçar más que el Abenayx, los avía desparcido por el suelo. Puertocarrero, no sabiendo el número de los que avían sido alçados, pusso doze ladrillos por la orden que se avían de poner, y baxándose metió la mano por debaxo de los ladrillos  y con gran pena los pudo levantar del suelo, y no fue mal alçar treynta y seys libras con una sola mano. Y siendo assí asentado por quien tenía cuydado dello, Puertocarrero se tornó a su escuadrón y se salió gallardamente de la plaça, dando una gentil carga de arcabuzería y hondas, que fue cosa de ver los crugidos que las hondas davan. Abenhumeya dixo: “No me parecen mal los soldados de aquellas hondas, porque a fe de Rey que en las ocasiones son de grande importancia.” “No son sino muy buenas -dixo su tío Abenchohar- y en el tiempo antiguo no se usava otra cosa sino hondas y ballestas de palo, y con estas armas se hazían muy buenos hechos de que tenemos memoria.” “Assí es verdad -dixo el Habaquí-; mas ahora mejor anda la milicia, porque ay buena arcabuzería con que de presto se haze la hazienda. …”

       A continuación participaron El Maleh, que levantó veintidós ladrillos; Zarrea, que levantó catorce; El Gorri, que levantó diecisiete; El Derri, que levantó doce; Gironcillo, que levantó diecinueve; Abonvayle, que levantó veinticuatro; Alrrocayme, que levantó treinta y fue el ganador.

       La siguiente prueba se dejó para otro día, consistía en comprobar quien tenía más tiempo al hombro un mármol que pesaba cuatro quintales (dieciséis arrobas). Abenhumeya mandó que se trajese un mármol que estaba en la iglesia para sustentar la pila del agua bendita; era una piedra de seis pies de largo que pesaba dieciséis arrobas. Todos los capitanes participantes se prepararon para salir según les fuese tocando conforme sacara Abenhumeya las papeletas de sus nombres de un vaso de plata. Para medir el tiempo de resistencia se puso un reloj de arena sobre una hermosa mesa. El primero en salir fue El Habaquí que sostuvo el mármol un gran cuarto de hora, le siguieron: Zarrea, que no pudo aguantar medio cuarto de hora; El Derri, que aguantó medio cuarto de hora; Gironcillo, que no lo pudo aguantar un momento; El Gorri, que no llegó a medio cuarto de hora; Puertocarrero, que no pudo sustentar el peso medio cuarto de hora; El Maleh, que pasó de un cuarto de hora; El Jorayque, que tuvo el mármol casi media hora; Alrrocayme, que lo tuvo sin moverse media hora y cuarto; Abenayx , que lo sostuvo hora y cuarto; Almoçalvan, que lo sostuvo hora y media hasta que le reventó sangre por las narices; Caracacha el turco, que lo sostuvo un cuarto de hora; su camarada Mamiaga, que no llegó a cuarto de media hora; Abonvayle, que se paseó con él dos horas y fue el que se llevó el premio porque otros muchos probaron y ninguno pudo igualarlo. Aquella noche se hicieron grandes fiestas y juegos y danzas, preparándose para la prueba del día siguiente los mismos catorce capitanes.

       La prueba consistía en ver quien saltaba más de tres saltos. El primero en salir fue El Gorri, que saltó diecinueve pies porque en el primer salto se descompuso; le siguieron: Puertocarrero, que saltó veinticinco pies; Zarrea, que saltó veinticuatro pies; Abenayx, que saltó veintisiete pies; Almozaban, que saltó veintiocho pies; El Maleh, que saltó treinta pies; Abonvayle, que saltó veintiocho pies; El Jorayque, que marcó treinta y cuatro pies; El Rocayme, que saltó treinta y seis pies; El Habaquí, que saltó treinta y nueve pies; El Derri, que saltó treinta pies; Caracacha, que saltó treinta y dos pies; Mamiaga, que saltó treinta pies y Gironcillo, que era suelto como un pensamiento, saltó cincuenta pies y fue el ganador. El resto del día se pasó haciendo otras fiestas de placer y se aplazó para el día siguiente la prueba de la carrera. Así la relata Pérez de Hita:

       “…el qual venido, siendo señalada la carrera que se avía de correr, que era una gruessa media legua hasta la plaça, adonde estavan puestas las joyas que se avían de ganar. Usábanse entre moriscos correr tan largo y desnudos, en carnes, sólo pañuelos para cubrirse las partes ocultas. Juntáronse para correr más de cien personas, Capitanes, y sin éstos otros grandes corredores, pero ganó la joya un morisco de la villa de las Cuevas, llamado Albejari, que era uno de los más sueltos moços que se hallava en el reyno de Granada. Luego a éste se le dieron sus premios, y a Puertocarrero le dio Abenhumeya diez ducados, porque casi llegó a la par de Albejari, sino que Albejari tendió la mano antes y tomó la vara de las joyas. …”

         Al día siguiente se celebró el juego de los tiradores que consistía en ver quien tiraba más lejos con un canto de media arroba. Fue ganado por un soldado turco de Argel, natural de Constantinopla, llamado Mostafá, cuya victoria alegró mucho al bando turco.

         La prueba siguiente, que se dejó para otro día, era la de los honderos. Los participantes eran pocos, sólo los 140 soldados que no portaban armas. Tenían que lanzar sobre una gran rodela (escudo) de madera, blanca con un rolde (círculo) negro pequeño en el centro que tenía en medio un punto blanco,  puesta en un madero alto de un estado (altura regular de un hombre) que estaba a 200 pasos. Fueron tirando de uno en uno y el ganador fue un Moro mancebo, natural de Ohanes, llamado Alcolayar que fue quien más cerca del punto dio. Al despedirse el escuadrón de honderos todos comenzaron a disparar en seco haciendo tanto ruido como si fuese un escuadrón de arcabucería, quedando muy contento Aben Humeya de estos soldados. Como era ya tarde, se acordó que comenzasen las pruebas de danza. Se colocaron en la plaza muchas alfombras y comenzaron a sonar muchas músicas, pero se eligieron el laúd y la sonaja como más acertados para el concurso. Así lo cuenta Pérez de Hita:

         “… luego comenzaron a salir muchos Moros mancebos muy bien aderaçados; uno a uno dançaron maravillosamente de bien, de tal manera que no se determinavan los juezes quién lo hazía mejor; dançaron todos los Capitanes maravillosamente: dançó Gironcillo con una Mora hermosa altíssimamente; la Mora era de Almançata, y dio tanto contento a todos, que el Reyecillo le mandó dar diez ducados y una marlota de seda. Luego entró a dançar Puertocarrero con otra Mora muy hermosa, y éste dançó más galanamente y mejor que Gironcillo, y la Mora dançó muy bien, y también le mandó dar a la Mora una rica marlota y diez ducados y a Puertocarrero el premio de la dança, que era una hermosa ropa de seda.

       Luego mandó Abenhumeya que saliesen a dançar las Moras solas, y huvo muchas que dançaron gallardamente, y la última que dançó fue la hermosa Luna, natural de allí, de Purchena. …”

       Iba vestida muy ricamente y era cosa de ver su hermosura. Danzó tan bien y gallardamente que a todos dejó maravillados. Fernando Muley (Aben Humeya) ordenó que se le diese una rica marlota (sayo ceñido) de terciopelo azul guarnecida de oro, ricamente labrada, y cuatro ricos almaizales (tocas de gasa). Y a las demás Moras para que no tuvieran envidia y desconsuelo mandó que les diesen diez ducados, quedando muy contentas. El Capitán Maleh estaba fuera de sí de contento por haber visto danzar tan bien a su hermosa dama que había sido la ganadora. Luego mandó Aben Humeya que los que fuesen músicos que tañesen y cantasen, no habiendo muchos participantes. Así lo cuenta Pérez de Hita:

        “… El Capitán Derri tañó y cantó muy bien, y Puertocarrero, que era galán y enamorado, y éste cantó en arábigo la presente canción:
Hermosa y bella Granada
donde tengo mi afición,
si fuesses al escuadrón
de los Moros entregada,

Assí tus frescas riberas

de Ynadámar, Jaraquil

con las del fresco Genil

y en tu Alhambra mis vanderas;

 Si fuesses ya de aquel vando

que te dessea tener,
donde pueda más valer

Abenhumeya Fernando,

Quién dançara ya la zambra,

quitado ya de querellas,

con hermosas Moras bellas

en ti, mi querida Alhambra.

Esta canción cantó el Capitán Puertocarrero como aquel que sabía bien quién era Granada y sus frescuras;  y todos los que allí estavan fueron muy pagados de su canción, viendo que hablava a favor de todos, y Abenhumeya no fue menos contento de la canción, pues frisava con su desseo. …”

Esta prueba la ganó por muy poco Gironcillo a Puertocarrero. Los Juegos continuaron con las canciones de las Moras que ganó la bella Luna y después pidió permiso para cantar y con gran pasión auguró el fatal desenlace que tendría Aben Humeya y su sucesor, muriendo al terminar la canción por el gran dolor que sintió. En esto fue avisado Aben Humeya de que los Cristianos podían quitarles a los Moriscos los frutos de las tierras de Andarax, las Albuñuelas y Guaxaras y decidió acudir en su ayuda y que no acabase la fiesta hasta que se celebrara la prueba de los tiradores con las escopetas.       

Una vez vista la participación del Capitán Puertocarrero en las distintas pruebas podemos resumir su palmarés así: 

-  En la prueba del levantamiento de ladrillos levantó doce, quedando entre los que menos levantaron.

- En la prueba de aguantar al hombro un mármol de dieciséis arrobas, duró algo menos de medio cuarto de hora, quedando entre los que menos aguantaron.

 - En la prueba del triple salto marcó veinticinco pies, quedando un poco por debajo de la media.

- En la prueba de la carrera quedó segundo, aunque llegó a la par que el primero, que le ganó porque tendió la mano antes para coger las joyas.

- En la prueba de la danza quedó primero y fue el ganador.

- En la prueba de tañer, cantar y decir mejor canción o romance estuvo a punto de ganar pero Gironcillo que le siguió agradó más a todos.

Según este palmarés nos podemos hacer una idea de cómo debía ser nuestro protagonista: sería un hombre de mediana estatura y complexión delgada; por su raza, tendría la tez oscura y llevaría barba; su edad estaría comprendida entre los veinte y treinta años; por su carácter debía ser intrépido, ágil, aventurero, galán y valiente; sus principales habilidades estaban en la danza, la carrera, la poesía y  la música.

          Y ésta ha sido la semblanza de este singular personaje, tan desconocido para muchos gergaleños y tan importante para nuestra historia.                                                                             


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Diego Hernández El Chaguid

Un experto conocedor de las tierras de Gérgal

Proporcionó la mayor parte de la información para la elaboración del Libro de Apeo de Gérgal

   En el siglo XVI vivió aquí un morisco que fue un conocedor especial de nuestra tierra, un gergaleño que ha pasado a la historia por el importante papel que tuvo en la redacción del Libro de Apeo y Repartimiento de Gérgal, punto clave de partida para entender la Gérgal de hoy. Se trata de Diego Hernández el Chaguid, un personaje al que ya va siendo hora de que se le reconozcan sus méritos y se le rinda un homenaje aunque sólo sea desde esta página.Moro pensativo

   Los Libros de Apeo y Repartimiento se realizaron a partir de 1571, después de la expulsión de los moriscos en 1570 que eran la mayoría de los gergaleños de entonces. Gérgal, al igual que la mayor parte de los pueblos que formaron el Reino nazarí de Granada, quedó prácticamente despoblada, teniendo que repoblarla con cristianos viejos venidos de otras tierras y regiones. En estos libros y en el de Apeo concretamente que es el que se conserva de Gérgal en el Archivo Histórico Provincial de Almería -por desgracia no conservamos el que se hizo para nuestro pueblo y que debería estar en el Archivo Municipal- se describen los bienes confiscados a los moriscos y se fijan los linderos y mojones de las propiedades.

   Para conocer a este personaje es muy interesante el trabajo realizado por Juan García Latorre sobre el Libro de Apeo de Gérgal en su tesis doctoral "Sierra de Filabres entre los siglos XV y XIX: paisajes agrarios, economía y estructuras sociales" del que voy a extraer a continuación algunas citas textuales del Libro de Apeo y conclusiones a las que llega:

   Para realizar el Apeo de Gérgal, el juez encargado Blas Dorantes mandó llamar a un morisco, natural de Gérgal, que vivía por entonces en Úbeda (Jaén) después de su expulsión. Se llamaba Diego Hernández el Chaguid y dio pruebas de poseer un conocimiento exhaustivo de las cosas de su pueblo y una memoria prodigiosa.

        "... vezino antyguo de la dicha villa de Gérgal... al cual por virtud de una provisión

        de su majestad hize traer de la çiudad de Ubeda, dode estaba, para que fuese

         conocedor del dicho apeo y términos de la dicha villa."

   Fue él quien hizo la descripción de los términos de Gérgal y quien proporcionó la mayor parte de la información que se encuentra en el apeo. Era una persona de edad avanzada, para la época, que hasta el momento de su expulsión siempre había vivido en Gérgal.

        "Fue preguntado el dicho conoçedor qué edad tyene y dónde a bibido. Dijo que

        es de hedad de sesenta y quatro años, poco más o menos, y que nació y se crio

        y estuvo en Gérgal hasta que agora çinco años lo llevaron a Castylla y que

        desde que se save acordar tyene notycia y conoçimiento de las casas, tyerras,

        térmynos y eredades de la dicha villa de Gérgal."

   El juez no debió fiarse del morisco e hizo que este fuera ayudado y en cierta medida vigilado por otra persona.

        "Juan de Çamudio, vezino antyguo de Abla, que a resydido en la dicha villa de

         Gérgal... que fue aquí en esta villa alguazil mayor tyenpo de un año y tyene

         notycia de las cosas dell, el qual juró declarar la verdad y tener qüenta en sy

         el dicho conoçedor, al qual él conoçe y save que era veçino antyguo del dicho

         lugar, dize y declara la verdad y lo que pasa, y si en algo eçediere dello me

         abisará."

   Además, el gobernador del señorío, Gil de Bocanegra, para defender los intereses de su señor el Conde de la Puebla estuvo presente en todas las actuaciones del juez y oyó las declaraciones de los conocedores, interviniendo cuando lo consideró necesario.

   El Libro de Apeo de Gérgal contiene un inventario de las propiedades de los moriscos y cristianos viejos del pueblo (incluidas las del Conde de la Puebla y las de la Iglesia). Las propiedades de los cristianos viejos, que eran muy pocas y dispersas, son descritas minuciosamente, parcela a parcela, las de los moriscos fueron medidas por pagos.

   Para la medición de las tierras de regadío el conocedor morisco fue ayudado por un repoblador y para el apeo del secano tuvo como colaboradores a dos cristianos viejos, uno de ellos era Álvaro de Aguilar, "vecyno antyguo de Gérgal", el ventero, que conocía muy bien las tierras más alejadas del pueblo, en las cumbres de la sierra donde tenía la venta de su nombre, "la venta de Aguilar"; el otro era un repoblador.

   Como muestra del apeo sirva unos pocos datos extraídos y algunas citas textuales con sus aclaraciones pertinentes:

        "... un mynero de tyerra para cántaros y ladrillo y teja, pero no abía almadrava

         particular, porque las casas son todas de piedra y losa y cubiertas de losas."

   Esta forma de construcción se ha dado en Gérgal hasta hace pocos años, sobre todo en la zona de la rambla.

   Al hablar de la población dice que había 200 vecinos moriscos y 7 cristianos viejos con lo que podemos calcular que tenía unos 828 habitantes si multiplicamos por 4 los vecinos (cabezas de familia).

   Sabemos también que sólo había una fuente de uso doméstico llamada "la fuente del lugar" y entre otras cita "la fuente de la canaleja" y "la fuente de Myducara".

   Parte de las casas debieron estar en la ladera del monte que preside el castillo señorial pues todavía existen sus ruinas. Con la expulsión de los moriscos se fue abandonando este barrio y los nuevos pobladores prefirieron instalarse en las zonas más bajas y llanas.

   De la vega cita los pagos que tenía y podemos ver que sólo se han conservado los topónimos de "Pilano" y "El Binar", hoy Pilanos y El Vinar.

       "... desde el almazara hasta lo bajo del Margen, en que están los pagos de Gadir

       y Pilano y Torre Bermeja y del Binar y de Cotar y de Almalahan y Alosdedi y de

       Fadinmahala y del Margen..."

   Las tierras de regadío estaban formadas por la rambla y la vega (al pie del pueblo) y ocupaban unas 231 fanegas (80 ó 90 hectáreas), estando densamente cubiertas de árboles frutales, con predominio de morales (unos 13.000), que producían hasta 940 arrobas de hoja que podían alimentar 400 onzas de cría de seda, y olivos (unos 1.400), que producían unas 1.000 arrobas de aceite en las tres almazaras que había, una de ellas en el mismo pueblo.

        "Yten apeamos un molino de azeyte metydo en el lugar, que hera de munchos

        moriscos. Tyene dos albercas. Está buena la casa. Y tyene una piedra y entra

        ello un solar hazia arriba, junto a el camyno..."

   Había 8 molinos hidráulicos, todos ellos en la rambla, entre Gérgal y Portocarrero. Según el conocedor morisco en unos pocos años de abandono "están caydos y maltratados". El primero estaba junto al pueblo.

        "...que se dize rahal mancha de Diego el Huzaya, morisco, junto a las casas,

        de la fuente, linde del camyno antyguo de Tavernas, que es de quvo, de una

        piedra. Está razonable."

    Y ésta ha sido la selección del Libro de Apeos, con las que he pretendido conocer un poco más este personaje y nuestra historia.

 


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Juan Hernández Carreño

Militar gergaleño que luchó en la Guerra de Filipinas y quiso crear allí una Nueva Gérgal


   La provincia de Almería ha tenido siempre un elevado índice de emigración. Los destinos han sido principalmente: Barcelona, Madrid, países de Europa (Alemania, Francia...), América  (Argentina, Brasil, México, Paraguay, Chile, Canadá, Estados Unidos...), Norte de África y las Filipinas. Todos ellos han sentido la añoranza de nuestra tierra, de su familia y de sus amigos. Casi todos los almerienses hemos tenido algún antepasado emigrante o soldado luchando a finales del siglo XIX en la Guerra de Cuba o en la de Filipinas. Unos pocos fueron en busca de glorias o aventuras militares, pero la mayoría fueron forzosos porque no tenían las dos mil pesetas que los libraban del servicio militar, equivalente en la actualidad a tres millones de las antiguas pesetas.

   Guerra de FilipinasUno de estos almerienses que probaron fortuna en la milicia es el gergaleño Juan Hernández Carreño. Su porvenir en Gérgal era trabajar de sol a sol como pastor de cabras en un pequeño terreno del Calar Alto (pico más alto de la Sierra de los Filabres, 2168 m.) o picando en una mina. Unos paisanos que habían hecho el servicio militar en Filipinas le contaron que en Mindanao, Jolo y otras islas del sur los indígenas, llamados moros por ser musulmanes, luchaban contra los españoles y que con suerte se podía hacer carrera militar en esta guerra. No lo dudó, se alistó, hizo los cursos de Cabo y con 20 años partió para Filipinas (Oceanía) en 1864.

    Sabemos por la documentación existente en el Archivo General Militar de Segovia que se embarcó en Cádiz en la fragata mercante Margarita. Bordeó las costas de África hasta el Cabo de Buena Esperanza y las de Asia hasta llegar a Manila
. Fue un largo viaje de seis meses y cinco días en los que pasó toda clase de calamidades: tempestades, tifones, piratas malayos... En Manila estuvo poco tiempo y a continuación pasó siete años recorriendo las diferentes islas del archipiélago con su Compañía combatiendo contra los insurrectos. En dicha documentación dice literalmente: "Con su Compañía salió de partida en persecución de los malhechores por el distrito de Bontoc... contra los indios sublevados... del Valle de Vaslig, resultando herido de una lanza, en recompensa fue agraciado con la Cruz de M.Y.L. pensionada... ascendió a sargento" Esta hazaña la realizó recién llegado a las Filipinas y comenzó a  ascender por méritos de guerra. Convaleciente de las heridas es destinado a la Plana Mayor de Manila, pero él solicita incorporarse de nuevo a la compañía volante combatiendo a los insurgentes durante varios años: "en persecución de los malhechores  por la provincia de Batangas... resultó la aprehensión de varios de ellos y por su buen comportamiento... le felicitó el Capitán General..., le fue concedida la Cruz Blanca del Mérito Mar... Prefería hacer prisioneros para incorporarlos como ciudadanos españoles en contra de la represión que practicaban otros compañeros de armas. Así permaneció sin hogar durante siete años en Filipinas y contaba que en la hermosa isla de Bilirán existía una Almería tropical y que él proyectó fundar una Nueva Gérgal en las islas Visayas.

   Muchos de los emigrantes que estaban en Cuba o Filipinas volvieron después del desastre de 1898 en el que perdimos estas últimas posesiones de nuestro imperio colonial. En regiones como Cataluña, Cantabria, Galicia, Asturias... se notaron nuevas inversiones económicas pues algunos de los indianos -así se les llamaba a estos emigrantes- trajeron considerables capitales y fundaron bancos, fábricas de tabacos, navieras... Otros crearon fundaciones para ayudar a repatriados, enfermos, pobres... y escuelas y hospitales. En Almería apenas si hubo donaciones o inversiones por esta causa.

   Las tropas españolas repatriadas tras la pérdida de Cuba y Filipinas fueron prácticamente abandonadas a su suerte, no se atendió debidamente a los enfermos e inválidos ni se le reconocieron en muchos casos los ascensos por méritos de guerra. Sin embargo sí acapararon privilegios algunos generales, almirantes y políticos que habían orientado mal la guerra y las relaciones internacionales. También algunos soldados y muchos emigrantes se quedaron como trabajadores o colonos en Cuba y Filipinas.

   En estas circunstancias regresó a España enfermo Juan Hernández Carreño, un soldado que había ascendido casi siempre por méritos de guerra, en el vapor Mindoro navegando por el recién inaugurado Canal de Suez hasta desembarcar en Almería. Aquí espera encontrar tranquilidad y poder restablecerse de las heridas que aún no han cicatrizado, pero por poco tiempo, porque se reengancha en el ejército para entrar en la guerra de los cantonales. En su expediente del Archivo Militar se certifica: "... hallado... en la defensa y bombardeo de la plaza de Almería ocurridos los días 29 y 30 de julio del año 1873, por las fragatas insurrectas Almansa y Vitoria... por cuyo motivo y mérito le fue concedido el grado de Alférez...".

   
Se casó por lo civil  para demostrar su progresismo con una joven gergaleña de 20 años, María Cerrá Castilla, hecho que le perjudicó porque el ejército era de ideología conservadora, pero acabaría casándose por la iglesia católica ante la insistencia de su esposa. La Primera República le concedió la Medalla conmemorativa por la heróica defensa de Almería contra los cantonales.
   
   
Entró de nuevo en combate participando en la Guerra Carlista en Cataluña, Aragón y el Maestrazgo, ascendiendo a Teniente por méritos de guerra, fue herido de nuevo, y ganó más condecoraciones (Isabel la Católica, Placa de San Hermenegildo...). Ascendió a Capitán y Comandante, pasando un año en cada cuartel de León, Jaca, Logroño, Seo de Urgel, Vitoria, Burgos... acompañado de su esposa e hijos. Fue declarado "Benemérito de la Patria por la Campaña Civil...". Intentó volver a Filipinas para realizar su sueño de fundar Nueva Gérgal, pero fue destinado como jefe al Cuartel de Almería donde en sus jardines de esbeltas palmeras quiso evocar a su segunda patria, Filipinas, en la cual proyectó cambiar su sable por las herramientas de colonizador.

   Durante su estancia en Filipinas estuvo al borde de la muerte por las heridas y enfermedades tropicales que contrajo. Contaba que la mitad de sus compañeros habían muerto muy jóvenes por enfermedades como el beri-beri, vómitos negros, paludismo, tuberculosis..., ocasionadas por el clima tórrido y la deficiente alimentación que les daba la Intendencia. La mayoría de las bajas eran por enfermedad, casi la mitad de los soldados contraían una enfermedad mortal. Contaba las difíciles negociaciones para rescatar a los miles de españoles prisioneros y hambrientos, muchos heridos y enfermos, en los campos de concentración filipinos, pues el gobierno español no quería pagar los cinco millones de duros que pedían los tagalos por su rescate. Sus familiares formaron Asociaciones durante 1899 y 1900 y publicaron las listas de los presos de ultramar para presionar al gobierno. Refería que se le partía el corazón al ver a los soldados repatriados andrajosos y demacrados, internados en lazaretos, en cuarentena para no contagiar a los peninsulares y al salir no tenían medios para trasladarse desde los puertos a sus pueblos. Algunos mendigaban interpretando himnos con sus cornetas. Su recibimiento fue generalmente muy penoso, pues muchos los despreciaban.

   Viendo este anterior panorama Juan Hernández Carreño tuvo suerte, ya que murió como Jefe Militar en su tierra, aunque debido a su exiguo sueldo y gran honradez, no le pudo dejar a sus hijos ni dinero ni vivienda, pero les dejó estudios, muchas ganas de vivir e iniciativas, además de las numerosas condecoraciones ganadas heróicamente en Filipinas, Almería, Cataluña, El Maestrazgo... que cuando en una crisis económica llevaron al Monte de Piedad no pudieron ser empeñadas porque las medallas sólo estaban recubiertas de un barniz de oro o plata, resultando chatarra sin valor.

   Contaba su nieto Adolfo que en Gérgal le llamaban el General Chasquillas, pues aunque no alcanzó dicha graduación, era muy admirado en su pueblo por su heroísmo, por su humanidad y porque quiso fundar una nueva Gérgal en Filipinas.
      
   Datos sacados del Artículo "Consecuencias y reacciones en Almería ante la Crisis de 1898" de Juan José Hernández, bisnieto del personaje comentado, publicado en Internet en la siguiente dirección:

  http://www.dipalme.org/Servicios/Anexos/anexosiea.nsf/VAnexos/IEA-CFS-C22/$File/CFS-C22.pdf.



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José Montero y Vidal

Gobernador Civil en varias provincias de Filipinas y Cuba

Escritor de siete libros sobre las Islas Filipinas y otros temas (el comercio, el cólera, cuentos, novelas, poesías...)

En 1891, la Reina Regente María Cristina le concedió la Cruz de Oro de 3ª Clase de la Orden del Mérito Militar

Miembro de la Real Academia de la Historia

 

    Su nombre completo es José Antonio Julián Montero y Vidal. Es junto a Sebastián Pérez García uno de los gergaleños más ilustres de los dos últimos siglos (XIX y XX). Hasta la publicación de este artículo los gergaleños y gergaleñas desconocíamos a este personaje singular. El que escribe estas líneas ha tenido la gran suerte de transmitir a través de esta página su biografía. La documentación me ha llegado de forma casual, pues resulta que un nieto suyo llamado José Volkmann Montero, que vive en Benidorm (Alicante), se puso en contacto por teléfono con el Ayuntamiento de Gérgal tratando de encontrar alguna información de su abuelo y posibles parientes en Gérgal para el árbol genealógico de su familia que está elaborando con su hijo Carlos Volkmann Lozano. Le atendió amablemente Amalia Martínez, así lo manifiesta en su carta, y ésta le dirigió a otra paisana nuestra, Gloria Martínez, probablemente porque su marido se apellida Vidal. Como resultado de esta conversación, José Volkmann Montero le envió en mayo de este año 2007 a Gloria una carta con abundante información documental, y ella a mediados de agosto de este mismo año, me comentó lo que había recibido por si yo podía ayudar a este señor. Le dije que haría lo que pudiera y me entregó la documentación pocos días después. Cuando la ojeé me llevé una sorpresa por lo interesante y completa que es. No sé si podremos ayudar a este señor en la búsqueda de pistas de su abuelo, pero gracias a esta información hemos tenido la suerte de recuperar para la historia de nuestro pueblo a este hijo suyo, que ha dejado el pabellón bien alto, alcanzando puestos de gran responsabilidad en la Administración Española en sus colonias de Filipinas y Cuba y escribiendo libros de mucho interés en su época, por lo que fue nombrado miembro de la Real Academia de La Historia.

    Según consta en su Partida de Bautismo, nació en Gérgal, el 28 de enero de 1851, en el Barrio de La Concepción y fue bautizado el 29 de enero de 1851. Sus padres se llamaban José Montero Salazar, natural de Turón, y María Dolores Vidal Delgado, natural de Gérgal. Sus abuelos paternos se llamaban Juan Montero, natural de Presidio, y Francisca Salazar, natural de Turón. Sus abuelos maternos se llamaban José Vidal Espinar, natural de Almería, y María Dolores Delgado, natural de Almería. Sus padrinos fueron José? (debiera decir Josefa) Vidal Delgado (debía ser su tía), soltera y Pedro Montero Vidal, sobrino de aquella (debía ser su hermano).

    Se fue joven a estudiar Jurisprudencia a Madrid, siendo después empleado del Ministerio de Fomento y Ultramar. En 1875 fue nombrado Gobernador Civil, cargo que desempeñó en varias provincias de Filipinas y Cuba. Escribió varias obras declaradas de utilidad pública para el Reino de España que veremos más adelante.

    Se casó en Murcia (fecha desconocida) con Carolina Marín-Baldo Burgueros, nacida en 1864 en Murcia. Este matrimonio tuvo cuatro hijos: Carlos, Josefina Catalina (nació en 1891 en Madrid, casó con Karl Volkmann Pieper en 1927 en Valencia y murió en 1967 en Madrid), María [nació en 1894 en Madrid, murió en 1972 en Mula (Murcia)] y Victoria (nació en 1895 en Madrid). Según una esquela mortuoria del periódico de Murcia, su esposa Carolina falleció en 1916. Otra nota del periódico de Murcia del 5 ó 6 de mayo de 1916 dice textualmente: "DEFUNCIÓN. Después de larga y penosa enfermedad ha dejado de existir en esta ciudad la distinguida señora doña Carolina Marín_Baldo, de Montero. / La noticia producirá verdadero sentimiento entre las numerosas amistades con que cuentan en ésta las distinguidas familias de Montero y Marín-Baldo, que con este triste motivo recibirá nuevas pruebas de afecto y consideración. / A su viudo el Excmo, señor don José Montero; hijos, entre ellos nuestro buen amigo el culto literato don Carlos; madre la respetable señora doña Victoria Burgueros; hermanos, hermanos políticos, sobrinos y demás familia, enviamos el testimonio de nuestro pésame más sentido". Su primera esposa Carolina Marín Baldo murió con 52 años y José Montero Vidal tenía 65 años.

     Volvió a contraer matrimonio en 1917, a los 9 meses y 13 días del fallecimiento de su esposa Carolina con Mary Catherine Blanche Margaret Nettement nacida en 1875 en Glasgow, hija de un cónsul de París, a la que llevaba 24 años de diferencia (él 66 años y ella 42). Vivieron en París y tuvieron un hijo del que desconocemos su nombre.

     Su hija Josefina Catalina Montero Marín-Baldo se casó en 1927 con Karl Volkmann Pieper, nacido en 1896 en Riga, hijo de Eugen Volkmann e Ida Pieper. En 1930, nació su hijo José Volkmann Montero.

    Su Hoja de Servicios, cuando tenía 38 años, comienza  el 29 de Febrero de 1868 y termina el 1 de Julio de 1884. En ella se describen los primeros 16 años, 1 mes y 29 días de sus destinos:
    - Aforador de Tabacos de las Colecciones de Filipinas (Toma de Posesión: 20 de Marzo de 1868 - sueldo: 1800 ptas).
    - Oficial 4º de Administración, Contador del Tribunal de Cuentas de Filipinas, por Real Orden (Toma de posesión: 6 Setiembre de 1871 - sueldo: 5000 ptas).
    - Oficial 4º de la Administración Central de Impuestos de idem, por Real Orden (Toma de Posesión: 11 de Enero de 1872 - sueldo: 6000 ptas).

    - Oficial 3º de la Administración de Rentas Estancadas de Filipinas, por R. O., Oficial 3º Administrador de Correos de Cebú (Filipinas) por Orden del Gobierno de la República (Toma de posesión: 17 de Abril de 1873 - sueldo: 7000 ptas).
    - Oficial 3º Administrador de Hacienda pública de Ilocos (Filipinas), por Orden del Gobierno de la República (Toma de Posesión: 8 de Agosto de 1873 - sueldo: 7000 ptas).
    - Oficial 2º Administrador de Hacienda pública de Ilocos, en virtud de la Organización dada a las Administraciones de Hacienda por Decreto del Presidente del Poder Ejecutivo (Toma de Posesión: 15 de Octubre de 1873 - Sueldo: 7000 ptas).
    - De 25 de Diciembre de 1874, para cuyo puesto fue nombrado por el Gobierno Civil en Decreto de 27 de Abril de dicho año y por S.M. en Real Orden (Toma de posesión: 17 de Mayo de 1875 - Sueldo 7500 ptas).
    - Oficial 1º, Vista segundo de la Aduana de Manila por Real Orden (Toma de posesión: 9 de Enero de 1877 - Sueldo 8500 ptas).
    - Oficial 1º Administrador de la Aduana de Cebú (Filipinas) en virtud de permuta aprobada por el Gobierno gral de las islas en Decreto de 17 de Abril de 1877 y nombramiento en propiedad por Real Orden (Toma de posesión: 13 de Mayo de 1877 - Sueldo 8500 ptas).
    - Cesante del anterior destino por R.O. (Fecha del cese: 31 de Diciembre de 1877).
    - Oficial 1º de la Dirección de Admón. Civil de Filipinas por Decreto del Gobierno gral (Toma de posesión: 16 de Febrero de 1878 - Sueldo 8800 ptas).
    - Renunció al anterior destino en 4 de Marzo de 1879 por motivos de salud.
    - Auxiliar de la clase de 3os del Ministerio de Fomento por Real Orden (Toma de posesión: 2 de Marzo de 1882 - Sueldo 3500 ptas).
    - Auxiliar de la clase de 2os del Ministerio de Fomento por Real Orden (Toma de posesión: 18 de Febrero de 1883 - Sueldo 4000 ptas).
    - Auxiliar de la clase de 1os del mismo Ministerio por Real Orden (Toma de posesión: 1o de Julio de 1884 - Sueldo 5000 ptas).

    De un documento titulado "Servicios especiales en la Carrera" copiamos:
    "Desde el 7 de Marzo al 7 de Junio de 1875 desempeñó en Filipinas los cargos de Alcalde Mayor, Gobernador Civil, Juez de Primera Instancia, Colector de tabacos, Subdelegado de la Administración local y Comandancia de Guerra de Ilocos-Sur. Realizando en dicha época las elecciones de Gobernadorcillos, Jueces, Ministro de Justicia, Quintas, Pago del Tabaco xíxí en toda la provincia.
   Por decreto de la Intendencia General de Manila de 5 de Mayo de 1874 se le dieron las gracias por medio de la "Gaceta de Manila" con motivo de sus buenos servicios y de la realización de los cuantiosos rezagos que existían en las contribuciones é impuestos de las provincias de Ilocos Sur é Ilocos Norte, siendo Jefe económico de las mismas.
   También se le dieron las gracias por la Administración Central de Aduanas siendo Administrador de la de Cebú.
    Por Real Orden de 21 de Julio de 1884 fué nombrado para desempeñar el Negociado de Comercio del Ministerio de Fomento, durante la ausencia del Jefe."

    En un legajo que se refiere a José Montero Vidal dice:
    "Don Segundo González Luna, Jefe de Administración de Primera Clase en comisión y Secretario General del Tribunal de Cuentas del Reino:
    Certifico:  Que Don José Montero Vidal, nombrado por Real Orden de veintinueve de Julio último, Jefe del Negociado de Primera Clase, Contador de la de Primeros de este Tribunal con destino a la Sala especial de Filipinas y posesiones españolas del Golfo de Guinea, tomó posesión de dicho empleo el día treinta y uno del mismo mes. Y para que conste y obre los efectos oportunos en el Ministerio de Fomento, donde el interesado servía destino de la clase inferior inmediata, expido la presente visada por el Señor Presidente accidental en Madrid a siete de Agosto de mil ochocientos noventa."

    En un documento escrito a mano por José Montero Vidal solicitando la concesión de la Medalla de la Cruz de Oro de 3ª Clase de la Orden del Mérito Militar libre de gastos dice:
    "Excmo. Señor Ministro de la Guerra:
    Don José Montero y Vidal, académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, Jefe de Administración de segunda clase y Gobernador Civil de la provincia de Bulacán (Filipinas), a Vd. con la debida consideración tiene el honor de exponer: Que es Autor, entre otras obras, de las tituladas "El Archipiélago filipino y las Islas Marianas, Carolinas y Palaos", "Historia general de Filipinas desde el descubrimiento de dichas islas hasta nuestros días" é "Historia de la Piratería Malayo Mahometana en Mindanao, Joló y Borneo", las dos primeras premiadas con Medalla de Oro en la Exposición general de 1887, y todas tres favorablemente informadas por la Real Academia de la Historia. Dichas obras debido, sin duda, á qué en ellas se describe la organización del Ejército de Filipinas, y se narran y analizan los hechos de armas que han enaltecido su nombre desde la incorporación á España de aquellas islas, fueron calificadas "de reconocida utilidad para el Ejército" por Real Orden de 12 de Enero de 1888, expedida por el Ministerio del digno cargo de Vd. de acuerdo con el dictamen de la Junta Superior Consultiva de Guerra.
    Instituida la Orden del Mérito Militar no sólo para premiar servicios de guerra sino también servicios especiales, y determinándose en el artº. 17 del Reglamento de dicha Orden, de 30 de Diciembre de 1889, que las cruces destinadas para premiar servicios especiales se aplicarán para recompensar a los Autores de Obras, Memoria, Lª.? relacionadas con la milicia y en general cuanto sea de reconocida utilidad para el Ejército, cree el exponente que está dentro de las condiciones de dicho artículo, y que con arreglo á su categoría puede aspirar á la Placa de tercera clase de dicha Orden, con arreglo a la que se expresa en la última parte del artº. 4º de dicho Reglamento y á la clasificación que establece el artº. 2º. del mismo.
    A mayor abundamiento el que suscribe, en su larga carrera administrativa, ha prestado otros servicios al ramo de guerra en su calidad de Alcalde Mayor interino y Comandante á Guerra de la provincia de Ilocos Sur, (Filipinas) que entiende le hacen acreedor á que dicha condecoración le sea otorgada con el carácter de libre de gastos.
    Por todo lo expuesto A Vd. ruega se digne proponer a S.M. la concesión en favor del exponente de la Placa de tercera clase de la Orden del Mérito Militar de la designada para premiar servicios especiales, libre de gastos. Es gracia que espera alcanzar de V.E. cuya vida ruega a Dios guarde por muchos años. Madrid 22 de Marzo de 1891. /Excmo. Señor/ José Montero Vidal".

    En un documento escrito y firmado por José Montero Vidal dice:
    "La concesión de la Medalla de oro con que fueron premiadas las obras del que suscribe, se consigna en La Gaceta de Madrid del 14 de Noviembre de 1887 - Los informes de la Academia de la Historia se publicaron en los Boletines de la Academia de la Historia de Junio y Octubre de 1887. José Montero Vidal"

    En 1887 se le concedió a José Montero Vidal la Cruz Blanca de 3ª clase del Mérito Militar. En 1891 la Reina Regente María Cristina de Habsburgo Lorena, segunda esposa de Alfonso XII, asumió la regencia hasta la mayoría de edad de su hijo Alfonso XIII (nacido en 1886), le concedió el 8 de Mayo de 1891 la Cruz de Oro de 3ª clase de la Orden del Mérito Militar, libre de gastos. En 1898 España perdió la soberanía de Filipinas y Cuba.

    La concesión de la Cruz Blanca de 3ª clase del Mérito Militar está reflejada en el siguiente documento:
    "Ministerio de la Guerra / 1ª Sección 43 = M = 9 / Recompensas / 1891 (Núm. 1224) / D. José Montero Vidal Jefe de Adminstración de 2ª  clase y Gobernador Civil de la provincia de Balacán (Filipinas) / Concesión de la Cruz Blanca de 3ª  clase del Mérito MIlitar."

    Hay un documento del Gobernador Militar de la Provincia de Santa Clara que se dirige a José Montero Vidal como sigue:
    "GOBIERNO CIVIL de la Provincia de Santa Clara / Personal / Excmo. Sr. / Nombrado por Real Decreto de 27 de Febrero último, Gobernador Civil de esta Provincia, he tomado posesión de dicho cargo y sus anexos en el día de hoy. / Y al tener el honor de comunicarlo á V.E. me complazco en ofrecerle, mi cooperación en cuanto se relacione con el servicio y mi consideración personal más distinguida. / Dios guarde á V.E. muchos años. -Santa Clara, Marzo 30 de 1896. / 1º Abril 1/96 / Contéstese / Al I.S. Gobernador Civil de esta provincia José Montero Vidal / Abril 2/96. / Iltmo. Señor = Por su atento escrito fecha 30 del actual me he enterado de haberse hecho cargo del Gobierno Civil de esta provincia para que ha sido nombrado por R.O. del 27 de Febrero último. / Al tener el honor de decirle reciba Cuba la satisfacción de ofrecerle mi cooperación en cuanto se refiera al  buen servicio a la vez que mi más distinguida consideración personal. / El Sr. Gobdor. Militar de esta Plaza."

    En la Enciclopedia Universal Ilustrada "Espasa Calpe". Tomo 36, pág. 589 está José Montero Vidal con la primera fotografía de esta biografía con el texto siguiente: MONTERO VIDAL (JOSÉ). Biog. Escritor español del último tercio del siglo XIX que se especializó en los asuntos referentes a las islas Filipinas, debiéndosele las siguientes obras: Cuentos filipinos (Madrid, 1876), Historia general de Filipinas desde el descubrimiento de dichas islas hasta nuestros días (Madrid, 1877), Historia de la piratería malayo-mahometana en Mindanao, Joló y Borneo, trabajo muy interesante y completo que comprende desde el descubrimiento de dichas islas hasta la fecha de publicación de la obra (Madrid, 1888).

    Su nieto José Volkmann Montero ha sido quien ha recopilado y facilitado toda esta documentación, que llega hasta el 14 de febrero de 1917 cuando contrae segundas nupcias con Mary Catherine Blanche Margaret Nettement en Biarritz (Francia), porque a partir de esta fecha pierde su pista y no sabe más de él, ni siquiera la fecha de su fallecimiento. En su búsqueda de pistas hay una posible conexión con el Cortijo Montero de Gérgal, que le sugirió en su visita a Gérgal, el 17 de agosto de 1972, el cura párroco D. Ángel Bervel Cortés, después de hacerle una Partida de Bautismo de su abuelo, que le señaló por donde quedaba dicho cortijo. Si alguna persona que lea estas líneas cree saber algo de esta probable conexión o de otra vía con nuestro personaje, se le agradecería se pusiese en contacto con el correo de esta página, con el Foro de la misma, o con el Ayuntamiento de Gérgal.

    Obras que ha escrito José Montero Vidal:

    - "Cuentos Filipinos". 1ª Edición, 1876, Madrid. 2ª Edición, 1883, Madrid. 321 páginas.

    - "La Bolsa, el Comercio y las Sociedades Mercantiles". Madrid, 1882 a 1884. 5 Ediciones. Tomo XV - 262 páginas.

     - "El cólera en 1885". Madrid, 1885. 2 Ediciones. 144 páginas.

    - "El Archipiélago Filipino y las Islas Marianas, Carolinas y Palaos. Su historia geográfica y estadística". Madrid, 1886. 2 Ediciones. Tomo  XV - 512 páginas, 2 mapas - 21 cm. 8º m.

    - "Historia General de Filipinas desde el descubrimiento de dichas islas hasta nuestros días". 1887, 2 Ediciones. Tomo I al XVI. 606 páginas en 4º.

    - "Historia de la Piratería en Mindanao, Jolo y Borneo". 1888, 4 Ediciones.

    - "Obras: Novelas cortas, Monografías, Artículos literarios, Poesías, Retrato del autor". 1889.

   

 

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Sebastián Pérez García


Diputado en Cortes, Senador del Reino y Jefe del Partido Liberal de Almería en la España de finales del S. XIX.
Tiene su nombre en la principal calle de Gérgal, anteriormente llamada Calle Real,
para perpetuar su memoria en las generaciones venideras. Hijo Predilecto de la Villa.

    Sebastián Pérez García, es probablemente, uno de los gergaleños más ilustres de los últimos dos siglos (XIX y XX). Para algunos gergaleños es un personaje desconocido, para otros es el nombre de la calle principal del pueblo también conocida como Calle Llana y para otros pocos es un personaje digno de evocar por lo que representó en su época para nuestro pueblo y para la provincia de Almería desde los cargos políticos que ostentó. En esta biografía vamos a intentar aproximarnos sucintamente, pues no disponemos de mucha información, a su persona y al personaje político que fue en la España de finales del siglo XIX y en los albores del siglo XX -murió el 4 de diciembre de 1900- con la finalidad de preservar su memoria difundiendo lo que se sabe de él y a la misma vez hacerle un homenaje reconociéndole su contribución, desde los cargos políticos que desempeñó, para con la provincia de Almería y en particular con su pueblo, Gérgal, como veremos más adelante. 

    De su hoja de inscripción de nacimiento según el Libro de Bautismos de la Parroquia de Ntra. Sra. Del Carmen de Gérgal, tomo 30, folio 138 vto., nº 325, extraemos:

    Sebastián Pérez García, nació en Gérgal el día 15 de enero de 1853, bautizado el 17 de enero del mismo año.- nació a las 7 de la mañana, en el Barrio de San Sebastián.-

    Hijo legítimo de Luis Pérez Cuadra, sastre, y de María García Martínez.-

    Abuelos paternos:  Lorenzo Pérez Espinar, sastre, y Ginesa Cuadra.-

    Abuelos maternos: José García Palazón y María Martínez Pérez, todos naturales y vecinos de Gérgal.-