Personajes Gergaleños
José Montero y Vidal l Sebastián Pérez García l Justo González Márquez l Luis Magaña Bisbal W. Sader l Juan Antonio de Soria Contreras l Aureliano González Urrutia (Aquí se encuentran biografías de gergaleños/as que han destacado en algunas facetas de su vida. Si conoce algún gergaleño/a que considere deba figurar en esta página, comuníquelo a la dirección de correo: juanlopezsoria@yahoo.es o dígalo en el Foro) Aben Mequenum (Francisco de Puertocarrero)
Insigne Capitán Moro de la
historia de Gérgal
1)
Alonso de Cárdenas, primer Señor de
2) Pudo ser heredado de su propia familia -su padre se llamaba como él-, pues también es un apellido mozárabe -cristiano que vive en territorio musulmán- enlazado con moriscos.
3)
Porque procediera de Puertocarrero, anejo de Gérgal hoy deshabitado, ya que era
costumbre poner en el nombre castellano el lugar de origen de su familia como
es el caso de Fernando de Válor (Granada), que más tarde sería proclamado rey
de los moriscos con el nombre de Aben Humeya. Por otro lado, el nombre de
Puertocarrero de este anejo, es probable que esté vinculado al Conde de
Su
nombre árabe era Aben Mequenum. Fue uno de los primeros
veintitrés capitanes nombrados
por Aben Humeya -de la dinastía de los omeyas, califas de
Córdoba, que
descendían de Fátima, la hija mayor de Mahoma- en la
ceremonia de su proclamación
como rey de los moriscos sublevados el 24 de diciembre de 1568,
víspera de
Navidad, en Cádiar (Granada). Cabe la duda de si el cabecilla de
la rebelión en Gérgal era el padre o el hijo, yo me
inclino a que debió ser el hijo, teniendo en cuenta la juventud
que debía tener para participar en tantas acciones de guerra, la
agilidad que demostró en los Juegos Moriscos de Purchena y la
canción que cantó por la nostalgia de su amada. Su padre,
Francisco de Puertocarrero, fue nombrado
en 1568 alcaide del castillo -encargado de su guarda y defensa- y
alcaide-gobernador del señorío por el Conde de
La
rebelión de los moriscos contra el poder del rey Felipe II se produjo como
consecuencia de la publicación de una Pragmática (ley), que fue la gota que
colmó el vaso, en la política de aniquilación de su religión, lengua y
costumbres. Los derechos que los Reyes Católicos habían garantizado por escrito
en las Capitulaciones de Santa Fe (Granada), en 1491, para la rendición del
reino nazarí, pronto fueron violados. Hasta 1499 el arzobispo Talavera intentó
su conversión al cristianismo pacíficamente en un clima de tolerancia. En 1499 se
endureció la evangelización con la llegada del Cardenal Cisneros que decretó la
conversión masiva, produciendo revueltas moriscas como la que sucedió en
Velefique. A partir de entonces el problema siguió latente y se les permitieron
encubiertamente sus prácticas con tributos hasta que estalló el levantamiento
la noche de Navidad de 1568 para coger desprevenidos a los cristianos que
celebraban
Gérgal,
era un enclave importante del reino nazarí de Granada durante la conquista
castellana y también va a tener un papel destacado en
Los
historiadores Mármol Carvajal, Bermúdez de Pedraza y Justino Antolinez de
Burgos cuentan que el alcaide de Gérgal, Francisco de Puertocarrero, y su hijo engañaron
a los cristianos ofreciéndoles su protección para que se refugiaran en el
castillo y cuando estaban allí los degollaron. Los nombres de los muertos que
se citan son el Vicario D. Diego Acevedo y su anciana madre, el Beneficiado Simón,
natural de la ciudad de Lorca, al que le hicieron que los llamase por el
padrón, como solía cuando decía misa, y después de haberle hecho mil injurias,
le echaron una soga a la garganta, y le llevaron arrastrando al campo donde le
enterraron en un hoyo hasta la cintura, le cortaron la nariz, orejas y lengua y
sirviéndoles de blanco lo mataron con una bala; también mataron al Beneficiado
Paz y su hermana, al escribano del juzgado Bernardo García y muchos cristianos
más. Puertocarrero mandó echar sus cuerpos en el campo para alimento de las
bestias y aves del cielo, quedando dos mujeres con vida durante siete días
alimentándose de nieve hasta que pasaron por allí unos soldados de Baza que las
socorrieron. Puertocarrero se marchó con su gente a
Francisco de Puertocarrero ha pasado a la historia como un personaje importante de la causa morisca. Fue el cabecilla del levantamiento de Gérgal y desde su castillo estaba al mando de cuatrocientos hombres para dominar el río de Almería. Participó en numerosas batallas y escaramuzas contra las tropas cristianas. Una de las más sonadas fue la batalla de Berja en la que luchó con sus hombres junto a Aben Humeya con un ejército de más de 10.000 soldados contra las tropas del Marqués de los Vélez que fue el vencedor. Al ser sofocada la rebelión cayó en manos del Marqués de Mondéjar que mandó atenazarlo en Granada, siendo allí descuartizado en 1570.
Para
conocer un poco más a este personaje e intuir su personalidad he seleccionado
unos cuantos pasajes de la obra “Guerras civiles de Granada” (1595) de Ginés
Pérez de Hita, escritor e historiador del siglo XVI y XVII que vivió de cerca
la contienda como soldado de las tropas del Marqués de los Vélez. Hay que decir
que su versión de los hechos es partidista porque los cuenta desde el prisma
cristiano. Algunos hechos y situaciones son inventados para darle mayor interés
novelístico y apoyo a la causa de los vencedores. No obstante, su obra tiene
gran importancia por ser un testigo de lo sucedido. Los pasajes seleccionados pertenecen
a los Juegos Moriscos convocados por Aben Humeya que se celebraron en Purchena
el 27 de septiembre de 1569 en plena guerra y este hecho sí fue real. Duraron
doce días y participaron en ellos los capitanes moriscos entre los que estaba
Francisco de Puertocarrero. Estos Juegos están considerados como una
continuación de las Olimpiadas griegas a la vez que precursores de los Juegos
Olímpicos actuales. Así los relata Pérez de Hita:
“… Pues es de saber
que Abenhumeya, después del cerco que puso a Vera tan vano a su pretensión, se
retiró a Purchena con todo su campo, determinando de aguardar allí a Murcia y
su Reyno, si acaso fuera que le querían seguir, y visto que Murcia y Lorca no
le seguían, determinó de hazer unas solemnes fiestas para alegrar sus gentes y
todo su campo, y assí mandó que se pregonasen las fiestas en esta forma:
Al que en travada
lucha mejor lo hiciese, le daría cien escudos en oro y le coronaría de hojas de un verde laurel.
Más aquel que se
mostrasse más suelto y corriesse más
ligero y llegasse primero al puesto diputado, le daría otros cien escudos de
oro.
Más al que de tres
saltos alcançasse más tierra, le daría otros cien ducados en oro.
Más al que más tiempo
sustentasse un canto de seys arrobas en el hombro, le daría otros cien escudos
en oro y un rico alfanxe.
Más al que mejor y más
gallardamente dançase la zambra con una bella Mora, le daría una ropa de seda
fina hecha en Argel. …
Más a
Más al Moro que mejor
tañesse y cantasse a la morisca y mejor canción dixesse o romance, le daría un
hermoso cavallo aderezado y enjaezado.
Más a
Más al Moro que mejor
tirador fuesse de canto, treinta escudos de oro y un alfanje.
Más al Moro que mejor
tirasse con escopeta o arco le daría diez ducados de oro.
Más al Moro que
tirasse más derecho y certero con honda, le daría diez ducados en oro. …
…Todas estas fiestas y cosas se havían de hazer en la plaça de la ciudad de Purchena, que para poderlos hacer era muy grande y ancha, y para esto mandó que la plaça fuesse toda aderezada y arenada y todas las paredes y ventanas muy entoldadas de ricas telas de sedas y lienços labrados y blancos; y todos estos juegos tan diversos unos de otros los ordenó el Reyecillo por no tener orden de correr toros ni tener cavallos y aderezos para juego de cañas, y assí con estas doze cosas diferentes unas de otras su campo y gente se podía alegrar y exercitar; todo lo cual se avía de hazer dentro de doze días, los quales bien sabía él que podía estar quieto y seguro de assalto de los Cristianos, atento que el Marqués de Vélez estaba aguardando orden en Adra…
Pues llegado el día
señalado que se havía de hazer la peligrosa lucha entre los más fuertes y
robustos moços del campo, mandó Abenhumeya que a un lado de la plaça se
pusiesse un rico dosel de seda, el qual era hecho de palios de las iglesias por
los Moros saqueadas, y debaxo del dosel un rico asiento para que él se
sentasse, y otros asientos de no tanto valor para sus Capitanes y Cavalleros
más allegados. Y sentado Abenhumeya en su asiento, y a la par dél muchos
Capitanes y Cavalleros de estima, començaron a sonar muchos instrumentos de
guerra, añafiles y dulçaynas, atabales y otras cosas dignas de alegrar
semejantes fiestas. Todos los terrados y ventanas estavan ocupados de muy
hermosas y arreadas damas Moras; toda la plaça llena de muchas gentes de todas
las Alpujarras y ríos de Almançora y Almería y de otras partes del Reyno de Granada,
y todos estavan alistados con sus armas a punto de guerra como buenos soldados,
por si acaso fuesen menester las armas, que estuviesen aprestadas…” La primera prueba fue
la lucha cuerpo a cuerpo, que comenzó con el combate entre el capitán turco
Caracacha y el capitán morisco el Maleh de Purchena, que sería el ganador tras
una encarnizada lucha. Después combatió el capitán turco Mamiaga con el capitán
morisco el Jorayque, que también ganó, quedando los turcos muy enfadados. Aben
Humeya mandó que se finalizara esta prueba para evitar más problemas y que
siguiesen los demás juegos y pruebas, quedando molestos por no haber
participado los capitanes Abenayx, Almoçávar, El Gorri, Gironcillo,
Puertocarrero, Zarrea, Abonvayle, Alhadra, Alrrocayme y El Derri que estaban
alistados. Al día siguiente se probaron las fuerzas de los fuertes varones levantando ladrillos con una mano. Comenzó Abenayx de Cantoria levantando veinte ladrillos, le siguió el capitán turco Caracacha que intentó levantar más y sólo pudo con veinte pero no tan altos como Abenayx. El siguiente participante fue Puertocarrero, y así lo narra Pérez de Hita:
“…
Estando en esto se oyeron caxas y
dulçaynas, y no tardó que no pareció un hermoso escuadrón muy bien adornado,
cuyo valeroso Capitán era Puertocarrero el moço, hijo del Alcayde de Gérgal, el
qual venía todo vestido de una ropa encarnada toda guarnecida con fresos de
oro; su borceguí datilado hecho en Argel y un rico alfanje colgado del hombro,
de un hermoso y rico tahalí. Llevava un bonete turquesco y en él un rico
penacho blanco y encarnado; en su vandera no traya cosa de letra, sino sólo
media luna y un zancarrón. La bandera era roja, más él entró a la española,
como gallardo Capitán: una gineta en la mano, y delante dél un page bien aderezado
que llevava un escudo muy rico, dorado el campo azul y en medio una letra que
dezía assí:
“Si
la que me fuerça a mí
poniéndome brío y fuerça, hora estuviera ante mí, se me doblara la fuerça como pareciera aquí.”
Esta letra sacó el Moro
Puertocarrero, indigno de tan soberano nombre, porque andava amartelado de una
hermosa Mora, natural de su tierra,
llamada en castellano Brianda, y en arábigo Fátima; y porque le dava grandes
favores, dezía el Moro en su letra que ella le doblava el ánimo y la fuerça, y
que si la tuviera en tal ocasión delante, que allí en la prueva ninguno se la
ganara. A todos pareció muy bien el gallardo Puertocarrero; más mejor pareció
quando fue hecho cuartos en Granada. Pues como entrasse por la plaça, rodeándola
toda, passó por delante de Abenhumeya y le hizo grande acatamiento, y dexando
su escuadrón assí en orden como estava se fue a donde avía de probar sus
fuerças, y en llegando halló los
ladrillos descompuestos, porque Caracacha, mohíno de no poder alçar más que el
Abenayx, los avía desparcido por el suelo. Puertocarrero, no sabiendo el número
de los que avían sido alçados, pusso doze ladrillos por la orden que se avían
de poner, y baxándose metió la mano por debaxo de los ladrillos
y con gran pena los pudo levantar del suelo,
y no fue mal alçar treynta y seys libras con una sola mano. Y siendo assí
asentado por quien tenía cuydado dello, Puertocarrero se tornó a su escuadrón y
se salió gallardamente de la plaça, dando una gentil carga de arcabuzería y
hondas, que fue cosa de ver los crugidos que las hondas davan. Abenhumeya dixo:
“No me parecen mal los soldados de aquellas hondas, porque a fe de Rey que en
las ocasiones son de grande importancia.” “No son sino muy buenas -dixo su tío
Abenchohar- y en el tiempo antiguo no se usava otra cosa sino hondas y
ballestas de palo, y con estas armas se hazían muy buenos hechos de que tenemos
memoria.” “Assí es verdad -dixo el Habaquí-; mas ahora mejor anda la milicia,
porque ay buena arcabuzería con que de presto se haze la hazienda. …”
A continuación participaron El Maleh, que levantó veintidós ladrillos; Zarrea, que levantó catorce; El Gorri, que levantó diecisiete; El Derri, que levantó doce; Gironcillo, que levantó diecinueve; Abonvayle, que levantó veinticuatro; Alrrocayme, que levantó treinta y fue el ganador. La siguiente prueba se dejó para otro día, consistía en comprobar quien tenía más tiempo al hombro un mármol que pesaba cuatro quintales (dieciséis arrobas). Abenhumeya mandó que se trajese un mármol que estaba en la iglesia para sustentar la pila del agua bendita; era una piedra de seis pies de largo que pesaba dieciséis arrobas. Todos los capitanes participantes se prepararon para salir según les fuese tocando conforme sacara Abenhumeya las papeletas de sus nombres de un vaso de plata. Para medir el tiempo de resistencia se puso un reloj de arena sobre una hermosa mesa. El primero en salir fue El Habaquí que sostuvo el mármol un gran cuarto de hora, le siguieron: Zarrea, que no pudo aguantar medio cuarto de hora; El Derri, que aguantó medio cuarto de hora; Gironcillo, que no lo pudo aguantar un momento; El Gorri, que no llegó a medio cuarto de hora; Puertocarrero, que no pudo sustentar el peso medio cuarto de hora; El Maleh, que pasó de un cuarto de hora; El Jorayque, que tuvo el mármol casi media hora; Alrrocayme, que lo tuvo sin moverse media hora y cuarto; Abenayx , que lo sostuvo hora y cuarto; Almoçalvan, que lo sostuvo hora y media hasta que le reventó sangre por las narices; Caracacha el turco, que lo sostuvo un cuarto de hora; su camarada Mamiaga, que no llegó a cuarto de media hora; Abonvayle, que se paseó con él dos horas y fue el que se llevó el premio porque otros muchos probaron y ninguno pudo igualarlo. Aquella noche se hicieron grandes fiestas y juegos y danzas, preparándose para la prueba del día siguiente los mismos catorce capitanes. La prueba consistía en ver quien saltaba más de tres saltos. El primero en salir fue El Gorri, que saltó diecinueve pies porque en el primer salto se descompuso; le siguieron: Puertocarrero, que saltó veinticinco pies; Zarrea, que saltó veinticuatro pies; Abenayx, que saltó veintisiete pies; Almozaban, que saltó veintiocho pies; El Maleh, que saltó treinta pies; Abonvayle, que saltó veintiocho pies; El Jorayque, que marcó treinta y cuatro pies; El Rocayme, que saltó treinta y seis pies; El Habaquí, que saltó treinta y nueve pies; El Derri, que saltó treinta pies; Caracacha, que saltó treinta y dos pies; Mamiaga, que saltó treinta pies y Gironcillo, que era suelto como un pensamiento, saltó cincuenta pies y fue el ganador. El resto del día se pasó haciendo otras fiestas de placer y se aplazó para el día siguiente la prueba de la carrera. Así la relata Pérez de Hita:
“…el qual venido, siendo señalada la carrera
que se avía de correr, que era una gruessa media legua hasta la plaça, adonde
estavan puestas las joyas que se
avían de ganar. Usábanse entre moriscos correr tan largo y desnudos, en carnes,
sólo pañuelos para cubrirse las partes ocultas. Juntáronse para correr más de
cien personas, Capitanes, y sin éstos otros grandes corredores, pero ganó la
joya un morisco de la villa de las Cuevas, llamado Albejari, que era uno de los
más sueltos moços que se hallava en el reyno de Granada. Luego a éste se le
dieron sus premios, y a Puertocarrero le dio Abenhumeya diez ducados, porque
casi llegó a la par de Albejari, sino que Albejari tendió la mano antes y tomó
la vara de las joyas. …” Al día siguiente se celebró el juego de los tiradores que consistía en ver quien tiraba más lejos con un canto de media arroba. Fue ganado por un soldado turco de Argel, natural de Constantinopla, llamado Mostafá, cuya victoria alegró mucho al bando turco. La prueba siguiente, que se dejó para otro día, era la de los honderos. Los participantes eran pocos, sólo los 140 soldados que no portaban armas. Tenían que lanzar sobre una gran rodela (escudo) de madera, blanca con un rolde (círculo) negro pequeño en el centro que tenía en medio un punto blanco, puesta en un madero alto de un estado (altura regular de un hombre) que estaba a 200 pasos. Fueron tirando de uno en uno y el ganador fue un Moro mancebo, natural de Ohanes, llamado Alcolayar que fue quien más cerca del punto dio. Al despedirse el escuadrón de honderos todos comenzaron a disparar en seco haciendo tanto ruido como si fuese un escuadrón de arcabucería, quedando muy contento Aben Humeya de estos soldados. Como era ya tarde, se acordó que comenzasen las pruebas de danza. Se colocaron en la plaza muchas alfombras y comenzaron a sonar muchas músicas, pero se eligieron el laúd y la sonaja como más acertados para el concurso. Así lo cuenta Pérez de Hita:
“… luego comenzaron a salir muchos Moros
mancebos muy bien aderaçados; uno a uno dançaron maravillosamente de bien, de
tal manera que no se determinavan los juezes quién lo hazía mejor; dançaron
todos los Capitanes maravillosamente: dançó Gironcillo con una Mora hermosa
altíssimamente;
Luego
mandó Abenhumeya que saliesen a dançar las Moras solas, y huvo muchas que
dançaron gallardamente, y la última que dançó fue la hermosa Luna, natural de
allí, de Purchena. …” Iba vestida muy ricamente y era cosa de ver su hermosura. Danzó tan bien y gallardamente que a todos dejó maravillados. Fernando Muley (Aben Humeya) ordenó que se le diese una rica marlota (sayo ceñido) de terciopelo azul guarnecida de oro, ricamente labrada, y cuatro ricos almaizales (tocas de gasa). Y a las demás Moras para que no tuvieran envidia y desconsuelo mandó que les diesen diez ducados, quedando muy contentas. El Capitán Maleh estaba fuera de sí de contento por haber visto danzar tan bien a su hermosa dama que había sido la ganadora. Luego mandó Aben Humeya que los que fuesen músicos que tañesen y cantasen, no habiendo muchos participantes. Así lo cuenta Pérez de Hita: “… El Capitán Derri tañó y cantó muy bien, y
Puertocarrero, que era galán y enamorado, y éste cantó en arábigo la presente
canción:
Hermosa y bella Granada
donde tengo mi afición, si fuesses al escuadrón de los Moros entregada, Assí tus frescas riberas de Ynadámar, Jaraquil con las del fresco Genil y en tu Alhambra mis vanderas; Si fuesses ya de aquel vando que te dessea tener, donde pueda más valer Abenhumeya Fernando, Quién dançara ya la zambra, quitado ya de querellas, con hermosas Moras bellas en ti, mi querida Alhambra.
Esta
canción cantó el Capitán Puertocarrero como aquel que sabía bien quién era
Granada y sus frescuras; y todos los que
allí estavan fueron muy pagados de su canción, viendo que hablava a favor de
todos, y Abenhumeya no fue menos contento de la canción, pues frisava con su
desseo. …” Esta
prueba la ganó por muy poco Gironcillo a Puertocarrero. Los Juegos continuaron
con las canciones de las Moras que ganó la bella Luna y después pidió permiso
para cantar y con gran pasión auguró el fatal desenlace que tendría Aben Humeya
y su sucesor, muriendo al terminar la canción por el gran dolor que sintió. En
esto fue avisado Aben Humeya de que los Cristianos podían quitarles a los
Moriscos los frutos de las tierras de Andarax, las Albuñuelas y Guaxaras y decidió
acudir en su ayuda y que no acabase la fiesta hasta que se celebrara la prueba
de los tiradores con las escopetas. Una vez vista la participación del Capitán Puertocarrero en las distintas pruebas podemos resumir su palmarés así: - En la prueba del levantamiento de ladrillos levantó doce, quedando entre los que menos levantaron. -
En la prueba de aguantar al hombro un mármol de dieciséis arrobas, duró algo
menos de medio cuarto de hora, quedando entre los que menos aguantaron. - En la prueba del triple salto marcó veinticinco pies, quedando un poco por debajo de la media. - En la prueba de la carrera quedó segundo, aunque llegó a la par que el primero, que le ganó porque tendió la mano antes para coger las joyas. - En la prueba de la danza quedó primero y fue el ganador. - En la prueba de tañer, cantar y decir mejor canción o romance estuvo a punto de ganar pero Gironcillo que le siguió agradó más a todos. Según este palmarés nos podemos hacer una idea de cómo debía ser nuestro protagonista: sería un hombre de mediana estatura y complexión delgada; por su raza, tendría la tez oscura y llevaría barba; su edad estaría comprendida entre los veinte y treinta años; por su carácter debía ser intrépido, ágil, aventurero, galán y valiente; sus principales habilidades estaban en la danza, la carrera, la poesía y la música.
Y ésta ha sido
la semblanza de este singular personaje, tan desconocido para muchos
gergaleños
y tan importante para nuestra historia.
Un experto conocedor de las tierras de Gérgal
Proporcionó la mayor parte de la información para la elaboración del
Libro de Apeo de Gérgal
Los Libros de Apeo y Repartimiento se
realizaron a partir de 1571, después de la expulsión de los moriscos en 1570
que eran la mayoría de los gergaleños de entonces. Gérgal, al igual que la
mayor parte de los pueblos que formaron el Reino nazarí de Granada, quedó
prácticamente despoblada, teniendo que repoblarla con cristianos viejos venidos
de otras tierras y regiones. En estos libros y en el de Apeo concretamente que
es el que se conserva de Gérgal en el Archivo Histórico Provincial de Almería
-por desgracia no conservamos el que se hizo para nuestro pueblo y que debería
estar en el Archivo Municipal- se describen los bienes confiscados a los
moriscos y se fijan los linderos y mojones de las propiedades.
Para conocer a este personaje es muy
interesante el trabajo realizado por Juan García Latorre sobre el Libro de Apeo
de Gérgal en su tesis doctoral "Sierra de Filabres entre los siglos XV y
XIX: paisajes agrarios, economía y estructuras sociales" del que voy a
extraer a continuación algunas citas textuales del Libro de Apeo y conclusiones
a las que llega:
Para realizar el Apeo de Gérgal, el juez encargado
Blas Dorantes mandó llamar a un morisco, natural de Gérgal, que vivía por
entonces en Úbeda (Jaén) después de su expulsión. Se llamaba Diego Hernández el
Chaguid y dio pruebas de poseer un conocimiento exhaustivo de las cosas de su
pueblo y una memoria prodigiosa.
"... vezino antyguo de la dicha villa de
Gérgal... al cual por virtud de una provisión
de su majestad hize traer de la çiudad de Ubeda,
dode estaba, para que fuese
conocedor del dicho apeo y términos de la dicha villa."
Fue él quien hizo la descripción de los términos de Gérgal y quien
proporcionó la mayor parte de la información que se encuentra en el apeo. Era
una persona de edad avanzada, para la época, que hasta el momento de su
expulsión siempre había vivido en Gérgal.
"Fue preguntado el dicho conoçedor
qué edad tyene y dónde a bibido. Dijo que
es de
hedad de sesenta y quatro años, poco más o menos, y que nació y se crio
y
estuvo en Gérgal hasta que agora çinco años lo llevaron a Castylla y que
desde que se save acordar tyene notycia y
conoçimiento de las casas, tyerras,
térmynos y eredades de la dicha villa de Gérgal."
El juez no debió fiarse del morisco e hizo
que este fuera ayudado y en cierta medida vigilado por otra persona.
"Juan de Çamudio, vezino antyguo de
Abla, que a resydido en la dicha villa de
Gérgal... que fue aquí en esta villa alguazil mayor tyenpo de un año y
tyene
notycia de las cosas dell, el qual juró declarar la verdad y tener
qüenta en sy
el
dicho conoçedor, al qual él conoçe y save que era veçino antyguo del dicho
lugar, dize y declara la verdad y lo que pasa, y si en algo eçediere
dello me
abisará."
Además, el gobernador del señorío, Gil de
Bocanegra, para defender los intereses de su señor el Conde de
El Libro de Apeo de Gérgal contiene un
inventario de las propiedades de los moriscos y cristianos viejos del pueblo
(incluidas las del Conde de
Para la medición de las tierras de regadío
el conocedor morisco fue ayudado por un repoblador y para el apeo del secano
tuvo como colaboradores a dos cristianos viejos, uno de ellos era
Álvaro de
Aguilar, "vecyno antyguo de
Gérgal", el ventero, que conocía muy bien las tierras más alejadas del
pueblo, en las cumbres de la sierra donde tenía la venta de su nombre,
"la venta de Aguilar"; el otro
era un repoblador.
Como muestra del apeo sirva unos pocos datos
extraídos y algunas citas textuales con sus aclaraciones pertinentes:
"... un mynero de tyerra para
cántaros y ladrillo y teja, pero no abía almadrava
particular, porque las casas son todas
de piedra y losa y cubiertas de losas."
Esta forma de construcción se ha dado en
Gérgal hasta hace pocos años, sobre todo en la zona de la rambla.
Al hablar de la población dice que había 200
vecinos moriscos y 7 cristianos viejos con lo que podemos calcular que tenía
unos 828 habitantes si multiplicamos por 4 los vecinos (cabezas de familia).
Sabemos también que sólo había una fuente de
uso doméstico llamada "la fuente del
lugar" y entre otras cita "la
fuente de la canaleja" y "la
fuente de Myducara".
Parte de las casas debieron estar en la
ladera del monte que preside el castillo señorial pues todavía existen sus
ruinas. Con la expulsión de los moriscos se fue abandonando este barrio y los
nuevos pobladores prefirieron instalarse en las zonas más bajas y llanas.
De la vega cita los pagos que tenía y podemos
ver que sólo se han conservado los topónimos de "Pilano" y
"El
Binar", hoy Pilanos y El Vinar.
"... desde el almazara hasta lo bajo del Margen, en que están los
pagos de Gadir
y
Pilano y Torre Bermeja y del Binar y de Cotar y de Almalahan y Alosdedi y de
Fadinmahala y del Margen..."
Las tierras de regadío estaban formadas por
la rambla y la vega (al pie del pueblo) y ocupaban unas 231 fanegas (80 ó
"Yten apeamos un molino de
azeyte metydo en el lugar, que hera de munchos
moriscos. Tyene dos albercas. Está
buena la casa. Y tyene una piedra y entra
ello un solar hazia arriba, junto a el
camyno..."
Había 8 molinos hidráulicos, todos ellos en
la rambla, entre Gérgal y Portocarrero. Según el conocedor morisco en unos
pocos años de abandono "están caydos
y maltratados". El primero estaba junto al pueblo.
"...que se dize rahal mancha de
Diego el Huzaya, morisco, junto a las casas,
de la fuente, linde del camyno antyguo
de Tavernas, que es de quvo, de una
piedra. Está razonable." Y ésta ha sido la selección del Libro de Apeos, con las que he pretendido conocer un poco más este personaje y nuestra historia.
La
provincia de Almería ha tenido siempre un elevado índice
de emigración. Los destinos han sido principalmente: Barcelona,
Madrid, países de Europa (Alemania, Francia...), América
(Argentina, Brasil, México, Paraguay, Chile, Canadá,
Estados Unidos...), Norte de África y las Filipinas. Todos
ellos han sentido la añoranza de nuestra tierra, de su
familia y de sus amigos. Casi todos los almerienses hemos tenido
algún antepasado emigrante o soldado luchando a finales del
siglo XIX en la Guerra de Cuba o en la de Filipinas. Unos pocos fueron
en busca de glorias o aventuras militares, pero la mayoría
fueron forzosos porque no tenían las dos mil pesetas que los
libraban del servicio militar, equivalente en la actualidad a tres
millones de las antiguas pesetas.
Uno
de estos almerienses que probaron fortuna en la
milicia es el gergaleño Juan Hernández Carreño. Su
porvenir en Gérgal era trabajar de sol a sol como pastor de
cabras en un pequeño terreno del Calar Alto (pico más
alto de la Sierra de los
Filabres, 2168 m.) o picando en una mina. Unos paisanos que
habían hecho el servicio militar en Filipinas le contaron que en
Mindanao, Jolo y otras islas del sur los indígenas, llamados
moros por ser musulmanes, luchaban contra los españoles y que
con suerte se podía hacer carrera militar en esta guerra. No lo
dudó, se
alistó, hizo los cursos de Cabo y con 20 años
partió para Filipinas (Oceanía) en 1864.Sabemos por la documentación existente en el Archivo General Militar de Segovia que se embarcó en Cádiz en la fragata mercante Margarita. Bordeó las costas de África hasta el Cabo de Buena Esperanza y las de Asia hasta llegar a Manila. Fue un largo viaje de seis meses y cinco días en los que pasó toda clase de calamidades: tempestades, tifones, piratas malayos... En Manila estuvo poco tiempo y a continuación pasó siete años recorriendo las diferentes islas del archipiélago con su Compañía combatiendo contra los insurrectos. En dicha documentación dice literalmente: "Con su Compañía salió de partida en persecución de los malhechores por el distrito de Bontoc... contra los indios sublevados... del Valle de Vaslig, resultando herido de una lanza, en recompensa fue agraciado con la Cruz de M.Y.L. pensionada... ascendió a sargento" Esta hazaña la realizó recién llegado a las Filipinas y comenzó a ascender por méritos de guerra. Convaleciente de las heridas es destinado a la Plana Mayor de Manila, pero él solicita incorporarse de nuevo a la compañía volante combatiendo a los insurgentes durante varios años: "en persecución de los malhechores por la provincia de Batangas... resultó la aprehensión de varios de ellos y por su buen comportamiento... le felicitó el Capitán General..., le fue concedida la Cruz Blanca del Mérito Mar... Prefería hacer prisioneros para incorporarlos como ciudadanos españoles en contra de la represión que practicaban otros compañeros de armas. Así permaneció sin hogar durante siete años en Filipinas y contaba que en la hermosa isla de Bilirán existía una Almería tropical y que él proyectó fundar una Nueva Gérgal en las islas Visayas. Muchos de los emigrantes que estaban en Cuba o Filipinas volvieron después del desastre de 1898 en el que perdimos estas últimas posesiones de nuestro imperio colonial. En regiones como Cataluña, Cantabria, Galicia, Asturias... se notaron nuevas inversiones económicas pues algunos de los indianos -así se les llamaba a estos emigrantes- trajeron considerables capitales y fundaron bancos, fábricas de tabacos, navieras... Otros crearon fundaciones para ayudar a repatriados, enfermos, pobres... y escuelas y hospitales. En Almería apenas si hubo donaciones o inversiones por esta causa. Las tropas españolas repatriadas tras la pérdida de Cuba y Filipinas fueron prácticamente abandonadas a su suerte, no se atendió debidamente a los enfermos e inválidos ni se le reconocieron en muchos casos los ascensos por méritos de guerra. Sin embargo sí acapararon privilegios algunos generales, almirantes y políticos que habían orientado mal la guerra y las relaciones internacionales. También algunos soldados y muchos emigrantes se quedaron como trabajadores o colonos en Cuba y Filipinas. En estas circunstancias regresó a España enfermo Juan Hernández Carreño, un soldado que había ascendido casi siempre por méritos de guerra, en el vapor Mindoro navegando por el recién inaugurado Canal de Suez hasta desembarcar en Almería. Aquí espera encontrar tranquilidad y poder restablecerse de las heridas que aún no han cicatrizado, pero por poco tiempo, porque se reengancha en el ejército para entrar en la guerra de los cantonales. En su expediente del Archivo Militar se certifica: "... hallado... en la defensa y bombardeo de la plaza de Almería ocurridos los días 29 y 30 de julio del año 1873, por las fragatas insurrectas Almansa y Vitoria... por cuyo motivo y mérito le fue concedido el grado de Alférez...". Se casó por lo civil para demostrar su progresismo con una joven gergaleña de 20 años, María Cerrá Castilla, hecho que le perjudicó porque el ejército era de ideología conservadora, pero acabaría casándose por la iglesia católica ante la insistencia de su esposa. La Primera República le concedió la Medalla conmemorativa por la heróica defensa de Almería contra los cantonales. Entró de nuevo en combate participando en la Guerra Carlista en Cataluña, Aragón y el Maestrazgo, ascendiendo a Teniente por méritos de guerra, fue herido de nuevo, y ganó más condecoraciones (Isabel la Católica, Placa de San Hermenegildo...). Ascendió a Capitán y Comandante, pasando un año en cada cuartel de León, Jaca, Logroño, Seo de Urgel, Vitoria, Burgos... acompañado de su esposa e hijos. Fue declarado "Benemérito de la Patria por la Campaña Civil...". Intentó volver a Filipinas para realizar su sueño de fundar Nueva Gérgal, pero fue destinado como jefe al Cuartel de Almería donde en sus jardines de esbeltas palmeras quiso evocar a su segunda patria, Filipinas, en la cual proyectó cambiar su sable por las herramientas de colonizador. Durante su estancia en Filipinas estuvo al borde de la muerte por las heridas y enfermedades tropicales que contrajo. Contaba que la mitad de sus compañeros habían muerto muy jóvenes por enfermedades como el beri-beri, vómitos negros, paludismo, tuberculosis..., ocasionadas por el clima tórrido y la deficiente alimentación que les daba la Intendencia. La mayoría de las bajas eran por enfermedad, casi la mitad de los soldados contraían una enfermedad mortal. Contaba las difíciles negociaciones para rescatar a los miles de españoles prisioneros y hambrientos, muchos heridos y enfermos, en los campos de concentración filipinos, pues el gobierno español no quería pagar los cinco millones de duros que pedían los tagalos por su rescate. Sus familiares formaron Asociaciones durante 1899 y 1900 y publicaron las listas de los presos de ultramar para presionar al gobierno. Refería que se le partía el corazón al ver a los soldados repatriados andrajosos y demacrados, internados en lazaretos, en cuarentena para no contagiar a los peninsulares y al salir no tenían medios para trasladarse desde los puertos a sus pueblos. Algunos mendigaban interpretando himnos con sus cornetas. Su recibimiento fue generalmente muy penoso, pues muchos los despreciaban. Viendo este anterior panorama Juan Hernández Carreño tuvo suerte, ya que murió como Jefe Militar en su tierra, aunque debido a su exiguo sueldo y gran honradez, no le pudo dejar a sus hijos ni dinero ni vivienda, pero les dejó estudios, muchas ganas de vivir e iniciativas, además de las numerosas condecoraciones ganadas heróicamente en Filipinas, Almería, Cataluña, El Maestrazgo... que cuando en una crisis económica llevaron al Monte de Piedad no pudieron ser empeñadas porque las medallas sólo estaban recubiertas de un barniz de oro o plata, resultando chatarra sin valor. Contaba su nieto Adolfo que en Gérgal le llamaban el General Chasquillas, pues aunque no alcanzó dicha graduación, era muy admirado en su pueblo por su heroísmo, por su humanidad y porque quiso fundar una nueva Gérgal en Filipinas.
Datos sacados del Artículo "Consecuencias y
reacciones en Almería ante la Crisis de 1898" de Juan
José Hernández, bisnieto del personaje comentado,
publicado en Internet en la siguiente dirección:
http://www.dipalme.org/Servicios/Anexos/anexosiea.nsf/VAnexos/IEA-CFS-C22/$File/CFS-C22.pdf. Gobernador Civil en varias provincias de Filipinas y Cuba Escritor de siete libros sobre las Islas Filipinas y otros temas (el comercio, el cólera, cuentos, novelas, poesías...) En 1891, la Reina Regente María Cristina le concedió la Cruz de Oro de 3ª Clase de la Orden del Mérito Militar Miembro de la Real Academia de la Historia
Su
nombre completo es José Antonio Julián Montero y Vidal. Es junto a
Sebastián Pérez García uno de los Según consta en su Partida de Bautismo, nació en Gérgal, el 28 de enero de 1851, en el Barrio de La Concepción y fue bautizado el 29 de enero de 1851. Sus padres se llamaban José Montero Salazar, natural de Turón, y María Dolores Vidal Delgado, natural de Gérgal. Sus abuelos paternos se llamaban Juan Montero, natural de Presidio, y Francisca Salazar, natural de Turón. Sus abuelos maternos se llamaban José Vidal Espinar, natural de Almería, y María Dolores Delgado, natural de Almería. Sus padrinos fueron José? (debiera decir Josefa) Vidal Delgado (debía ser su tía), soltera y Pedro Montero Vidal, sobrino de aquella (debía ser su hermano). Se fue joven a estudiar Jurisprudencia a Madrid, siendo después empleado del Ministerio de Fomento y Ultramar. En 1875 fue nombrado Gobernador Civil, cargo que desempeñó en varias provincias de Filipinas y Cuba. Escribió varias obras declaradas de utilidad pública para el Reino de España que veremos más adelante. Se casó en Murcia (fecha desconocida) con Carolina Marín-Baldo Burgueros, nacida en 1864 en Murcia. Este matrimonio tuvo cuatro hijos: Carlos, Josefina Catalina (nació en 1891 en Madrid, casó con Karl Volkmann Pieper en 1927 en Valencia y murió en 1967 en Madrid), María [nació en 1894 en Madrid, murió en 1972 en Mula (Murcia)] y Victoria (nació en 1895 en Madrid). Según una esquela mortuoria del periódico de Murcia, su esposa Carolina falleció en 1916. Otra nota del periódico de Murcia del 5 ó 6 de mayo de 1916 dice textualmente: "DEFUNCIÓN. Después de larga y penosa enfermedad ha dejado de existir en esta ciudad la distinguida señora doña Carolina Marín_Baldo, de Montero. / La noticia producirá verdadero sentimiento entre las numerosas amistades con que cuentan en ésta las distinguidas familias de Montero y Marín-Baldo, que con este triste motivo recibirá nuevas pruebas de afecto y consideración. / A su viudo el Excmo, señor don José Montero; hijos, entre ellos nuestro buen amigo el culto literato don Carlos; madre la respetable señora doña Victoria Burgueros; hermanos, hermanos políticos, sobrinos y demás familia, enviamos el testimonio de nuestro pésame más sentido". Su primera esposa Carolina Marín Baldo murió con 52 años y José Montero Vidal tenía 65 años. Volvió a contraer matrimonio en 1917, a los 9 meses y 13 días del fallecimiento de su esposa Carolina con Mary Catherine Blanche Margaret Nettement nacida en 1875 en Glasgow, hija de un cónsul de París, a la que llevaba 24 años de diferencia (él 66 años y ella 42). Vivieron en París y tuvieron un hijo del que desconocemos su nombre. Su hija Josefina Catalina Montero Marín-Baldo se casó en 1927 con Karl Volkmann Pieper, nacido en 1896 en Riga, hijo de Eugen Volkmann e Ida Pieper. En 1930, nació su hijo José Volkmann Montero. Su
Hoja de Servicios, cuando tenía 38 años, comienza el 29 de Febrero
de 1868 y termina el 1 de Julio de 1884. En ella se describen los
primeros 16 años, 1 mes y 29 días de sus destinos: De un documento titulado
"Servicios especiales en la Carrera" copiamos:
En un legajo que se refiere a José Montero Vidal dice:
En un documento escrito a mano por José Montero Vidal
solicitando la concesión de la Medalla de la Cruz de Oro de 3ª Clase
de la Orden del Mérito Militar libre de gastos dice: En un documento escrito y
firmado por José Montero Vidal dice: En 1887 se le concedió a
José Montero Vidal la Cruz Blanca de 3ª clase del Mérito Militar. En
1891 la Reina Regente María Cristina de Habsburgo Lorena, segunda
esposa de Alfonso XII, asumió la regencia hasta la mayoría de edad
de su hijo Alfonso XIII (nacido en 1886), le concedió el 8 de Mayo
de 1891 la Cruz de Oro de 3ª clase de la Orden del Mérito Militar,
libre de gastos. En 1898 España perdió la soberanía de Filipinas y
Cuba.
La concesión de la Cruz
Blanca de 3ª clase del Mérito Militar está reflejada en el siguiente
documento: Hay un documento del
Gobernador Militar de la Provincia de Santa Clara que se dirige a
José Montero Vidal como sigue: En la Enciclopedia Universal Ilustrada "Espasa Calpe". Tomo 36, pág. 589 está José Montero Vidal con la primera fotografía de esta biografía con el texto siguiente: MONTERO VIDAL (JOSÉ). Biog. Escritor español del último tercio del siglo XIX que se especializó en los asuntos referentes a las islas Filipinas, debiéndosele las siguientes obras: Cuentos filipinos (Madrid, 1876), Historia general de Filipinas desde el descubrimiento de dichas islas hasta nuestros días (Madrid, 1877), Historia de la piratería malayo-mahometana en Mindanao, Joló y Borneo, trabajo muy interesante y completo que comprende desde el descubrimiento de dichas islas hasta la fecha de publicación de la obra (Madrid, 1888). Su nieto José Volkmann Montero ha sido quien ha recopilado y facilitado toda esta documentación, que llega hasta el 14 de febrero de 1917 cuando contrae segundas nupcias con Mary Catherine Blanche Margaret Nettement en Biarritz (Francia), porque a partir de esta fecha pierde su pista y no sabe más de él, ni siquiera la fecha de su fallecimiento. En su búsqueda de pistas hay una posible conexión con el Cortijo Montero de Gérgal, que le sugirió en su visita a Gérgal, el 17 de agosto de 1972, el cura párroco D. Ángel Bervel Cortés, después de hacerle una Partida de Bautismo de su abuelo, que le señaló por donde quedaba dicho cortijo. Si alguna persona que lea estas líneas cree saber algo de esta probable conexión o de otra vía con nuestro personaje, se le agradecería se pusiese en contacto con el correo de esta página, con el Foro de la misma, o con el Ayuntamiento de Gérgal. Obras que ha escrito
José Montero Vidal: - "Cuentos Filipinos". 1ª Edición, 1876, Madrid. 2ª Edición, 1883, Madrid. 321 páginas. - "La Bolsa, el Comercio y las Sociedades Mercantiles". Madrid, 1882 a 1884. 5 Ediciones. Tomo XV - 262 páginas. - "El cólera en 1885". Madrid, 1885. 2 Ediciones. 144 páginas. - "El Archipiélago Filipino y las Islas Marianas, Carolinas y Palaos. Su historia geográfica y estadística". Madrid, 1886. 2 Ediciones. Tomo XV - 512 páginas, 2 mapas - 21 cm. 8º m. - "Historia General de Filipinas desde el descubrimiento de dichas islas hasta nuestros días". 1887, 2 Ediciones. Tomo I al XVI. 606 páginas en 4º. - "Historia de la Piratería en Mindanao, Jolo y Borneo". 1888, 4 Ediciones. - "Obras: Novelas cortas, Monografías, Artículos literarios, Poesías, Retrato del autor". 1889.
Diputado en Cortes, Senador del Reino y Jefe del Partido Liberal de Almería en la España de finales del S. XIX. Tiene su nombre en la principal calle de Gérgal, anteriormente llamada Calle Real, para perpetuar su memoria en las generaciones venideras. Hijo Predilecto de la Villa. Sebastián
Pérez García, es probablemente, uno de los gergaleños más ilustres de los
últimos dos siglos (XIX y XX). Para algunos gergaleños es un personaje
desconocido, para otros es el nombre de la calle principal del pueblo también
conocida como Calle De su
hoja de inscripción de nacimiento según el Libro de Bautismos de
“Sebastián Pérez García, nació en Gérgal el día 15 de enero de 1853, bautizado el 17 de enero del mismo año.- nació a las 7 de la mañana, en el Barrio de San Sebastián.-
Hijo legítimo de Luis
Pérez Cuadra, sastre, y de María García Martínez.-
Abuelos paternos:
Lorenzo Pérez Espinar, sastre, y Ginesa
Cuadra.-
Abuelos maternos: José
García Palazón y María Martínez Pérez, todos naturales y vecinos de Gérgal.- |