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Los Molinos Harineros
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Ruinas de Explotaciones Mineras
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Las Almazaras l Los principales monumentos o elementos de nuestro patrimonio histórico-artístico-industrial y lugares de interés, son: 1. El Castillo y las ruinas de la primitiva Iglesia de Santa María
El Castillo
está situado en el paraje conocido como Puerta del Campo, donde
la Rambla de Gérgal que ha ido encajonada se abre al valle, junto a la
Carretera de Las Aneas y El Almendral, en un montículo al NE. del
núcleo urbano de Gérgal desde el que se divisa por el
norte y este, la Sierra de Filabres, la Rambla de Gérgal y la Loma
Tablas que forma una impresionante muralla; por el sur el caserío, la
vega, el valle y las montañas que lo rodean; por el oeste queda una
pared de cerros alineados entre los que destaca la Ermita de Santo
Sepulcro.
Castillo de Gérgal a principios del S. XX con casas a su alrededor
Su
planta es una nave central cuadrada de 15'50 m. x 15'50 m. que se
levanta sobre una zona de roca pizarrosa, lleva adosados cuatro
torreones circulares
de 5 m. en las esquinas y otro torreón de forma ovalada y
almenado para defender la entrada. La nave
central está almenada y tiene tres plantas; los torreones o cubos de las
esquinas están
protegidos por casamatas (bóvedas muy resistentes para instalar piezas
de artillería) de forma aparentemente cónica, pues desde lejos se
aprecia su forma piramidal. Estas casamatas de tejados en punta son un
modelo muy común en Castilla y pueden encontrarse también en Cuevas de
Almanzora (Almería). Antiguamente poseía una
capilla, almacén de granos y diezmos y horno de pan, estancia que se
utilizaba como alojamiento de los criados.
Es una antigua fortaleza que controlaba el territorio que domina durante la ocupación árabe y la posterior conquista castellana. Gérgal era un cruce de caminos entre Granada, Guadix, Tabernas y Almería, y en caso de guerra, el Castillo era el principal baluarte defensivo ante un ataque enemigo. No está datada su construcción. Se sabe que existía a finales del siglo XV cuando se produjo la conquista de Almería por los R.R.C.C. en 1489. Un informe de 1501 sobre el señorío de don Alonso de Cárdenas, Maestre de Santiago, dice: "... necesita reparos ..." .
Por sus características podemos especular que posiblemente su origen
fuera musulmán, o incluso romano o ibero y que a lo largo del tiempo ha
sufrido varias transformaciones. Su aspecto actual tiene trazas de ser
un modelo castellano sobre los restos de una antigua fortaleza árabe.
La tradición
oral cuenta que en una habitación oscura de la planta baja, llamada la
Sala de los Secretos hay un pasadizo que comunica con la Loma de Tablas
pasando por debajo de la Rambla. Lo que sí se puede constatar es que en
la cima de este monte, por debajo de la Ermita de San Gregorio, existió
una fortaleza musulmana, cuyos cimientos y restos se pueden observar en
la actualidad y debió de ser anterior al Castillo actual.
Durante el siglo XVI sirvió de fortaleza para defender el territorio que dominaba ante los ataques de los piratas corsos -turcos y corsarios berberiscos- que eran ayudados por los moriscos emigrados o expulsados al Norte de África. Desembarcaban en las costas almerienses y hacían incursiones al interior para saquear a los cristianos y llevárselos cautivos como botín. Más tarde serían vendidos como esclavos en los puertos norteafricanos. Allí acudían los frailes trinitarios y mercedarios para liberar a los cristianos pagando su rescate. Entre los saqueos más importantes están el de Lucainena en abril de 1555 y septiembre de 1566, el de Nijar en abril de 1562, el de Tabernas en septiembre de 1566, el de Tahal -en pleno corazón de la Sierra de los Filabres- en septiembre de 1573 por el antiguo monfí El Joraique que se había hecho pirata y el de Cuevas de Almanzora en noviembre de 1573. Con la expulsión de los moriscos se produjo una etapa de peligrosidad en las tierras almerienses entre 1571-1620 porque cuadrillas de moriscos hambrientos las asaltaban, asesinando a los pocos cristianos que había en ellas. Les ayudaban los huidos al Norte de África amedrentando a los nuevos pobladores para que se alejaran de las tierras que fueron suyas. Durante más de un siglo fue muy peligroso vivir en las tierras próximas al Cabo de Gata y a las calas de las Sierras de Cabrera y Almagrera que servían de refugio a los piratas turcos, argelinos y berberiscos. En estas condiciones el Castillo de Gérgal era un fortín ante las incursiones de los piratas y de los moriscos que no se habían entregado. Por eso hay un documento de esta época que dice que sería necesario que tuviese presidio y por lo menos treinta soldados para luchar contra los moros que se escondían en la Rambla Verdelecha -anejo de Gérgal llamado Arroyo Verdelecho-. La repoblación de la zona se hizo lentamente y a mediados del siglo XVII se reconstruyó el castillo, quedando probablemente de la forma que ha llegado hasta nosotros. A mediados del siglo XVIII la posesión del señorío pasará por línea hereditaria a la Marquesa de la Torre de las Sirgadas que parece ser que utilizó el Castillo como almacén de los granos que recaudaba por los diezmos que le correspondían. Los señoríos se abolieron en las Cortes de Cádiz, en 1812, y con la Desamortización de Mendizábal, en 1837, las propiedades que se consideraban en "manos muertas" y poco productivas pasaron a ser propiedad del Estado. En el pasado siglo XX la última propietaria del Castillo por línea hereditaria fue Dña. María Luisa Fernández de Córdoba, Marquesa de la Puebla de los Valles, que donó sus últimas posesiones, un cortijo, al aparcero que se lo trabajaba, y el Castillo, al Ayuntamiento. El 9 de octubre de 1968 pasó a ser propiedad del Estado, el 24 de octubre de 1969 por Orden Ministerial fue declarado alienable acordándose su enajenación el 14 de noviembre de 1971 en pública subasta. Fue tasado en 125000 ptas, en el Boletín Oficial de la Provincia de fecha 20 de marzo de 1972 y en el del Estado el 22 de marzo de 1972. El 21 de abril de 1972 se celebró la subasta y fue adjudicado al mejor postor en 576000 ptas que fueron ingresadas en la Delegación de Hacienda de Almería el 11 de julio de 1972 por su comprador. De este modo actualmente se encuentra bien conservado al haberse convertido en vivienda de su propietario, pero desgraciadamente hay muy pocas personas que lo puedan visitar, porque desde febrero de 1996, su propietario está dispensado por el Director General de Bienes Culturales de la obligación de Visita Pública Gratuita de al menos cuatro días al mes y cuatro horas cada día, que tienen los Bienes de Interés Cultural , con categoría de Monumento, en virtud de la Ley 16/85 del Patrimonio Histórico Español, Art. 13.2 y la Disposición Adicional 4ª del Real Decreto 111/1986. El Castillo fue declarado Bien de Interés Cultural por la Resolución de 22 de junio de 1993. El Castillo es junto con la Iglesia el emblema de Gérgal,
referentes fotográficos de la imagen del pueblo. Figura en la parte
central de su escudo -rescatado en 1969 del sótano de la antigua cárcel
donde estaba abandonado, siendo reparado por un pintor de Viator
(Almería) llamado Álvarez- y en el escudo provincial como cuarto cuartel
-de los nueve que tiene- que fue aprobado el 29 de julio de 1925. 2. La Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen No se sabe la fecha de su construcción. En el proyecto de reforma que diseñó en 1771 el arquitecto Francisco Ruiz Garrido de Vera, que luego no se ejecutaría como estaba previsto por falta de presupuesto, se cuenta que fue construida de nueva planta a partir de 1680 por el Conde de la Puebla. Conocemos que en 1581 la primitiva Iglesia de Santa María -terminada en 1561-, situada a la derecha del Castillo mirado de frente, seguía en ruinas después de ser incendiada y destruida en la Rebelión de los Moriscos (1568-1570), por lo que debemos pensar que la Iglesia actual de Ntra. Sra. del Carmen debió construirse como mínimo a finales del siglo XVI o principios del XVII, porque en esta época apenas si había habitantes después de que fueran vencidos y expulsados los moriscos. Las tierras que ocupaban se repoblaron con expediciones de cristianos venidos de otros lugares. Fue así como hasta finales del siglo XVI no se recuperó en parte la población y sería a partir de esta época cuando se emprendería la construcción de la actual Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen.
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Se cuenta que cuando los moriscos incendiaron la primitiva Iglesia de
Santa María se salvó su armadura mudéjar y que el techo
de
En 1771 se llevó a cabo una reforma por el arquitecto Francisco Ruiz Garrido de Vera, que no se ejecutaría como estaba diseñada en el proyecto, en el que se cuenta que fue construida de nueva planta a partir de 1680 por el Conde de la Puebla, encargándose de las obras Ginés Ximénez y Pedro Marques y las concluyó Francisco Alonso, siendo gobernador y administrador don Ginés Díaz Granados. Con esta reforma se volvieron a enlucir los muros, se agrandaron las ventanas hasta darles 4 ó 5 palmos de luz, se construyó una nueva tribuna o coro alto a los pies del templo y se recrecieron los muros de cabecera de las dos naves laterales y los muros que separan las naves laterales de la central.
![]() Interior de la Iglesia de Ntra. Sra. del Carmen con el Altar Mayor y
parte de una de las naves laterales
La Iglesia tiene planta basilical del modelo de iglesia cajón de tres naves, una central y dos laterales, comunicadas entre sí por arcos de medio punto, con la Capilla Mayor diferenciada por un arco toral. Es el modelo de iglesia que se hacía en localidades importantes y en las villas cabeceras de comarca. Sus dimensiones son de 30 m. x 17 m. Los muros son de mampostería a base de piedra pizarra y cal. En determinadas partes como en las dos portadas y en zonas que delimitan diferentes niveles de altura, pilares en las esquinas y puntos claves para reforzar la estructura, llevan ladrillos de arcilla que van unidos con mortero de cal. Se puede apreciar también mortero de cemento y arena empleado en inadecuadas restauraciones a base de picado que ha destruido las pinturas originales.
La armadura mudéjar del techo de la nave central es el
elemento arquitectónico del conjunto de mayor valor artístico.
Otros elementos destacables son el coro a un nivel superior, sobre la puerta principal, al que se accede por unas escaleras, un camarín de estilo barroco tras el altar mayor -se construyó en el año 1745 para alojar a la imagen de la Virgen del Carmen recién nombrada nueva Patrona de Gérgal (1744)- de planta octogonal y cúpula de lunetos, en el exterior tiene una planta absidal de 5 lados y la torre campanario de gran volumen situada en la cabecera, tras el altar mayor, a la que se accede por unas escaleras. En la actualidad se encuentra cerrada al público por obras de restauración, llevando ya cinco años en esta situación. Se cerró en septiembre de 2001 cuando se iniciaron los trabajos de restauración de la 1ª Fase que consistió en reparar la cubierta. Cuando se comenzó la restauración interior se descubrieron pinturas murales al limpiar las paredes. Las hay de tema iconográfico visible: la Inmaculada Concepción y de tema iconográfico no visible: una figura masculina (se aprecia un pie desnudo), figuraciones arquitectónicas: columnas salomónicas, entablamentos (arquitrabes, frisos y cornisas), molduras lineales y curvas, elementos vegetales (flores y guirnaldas). Parece ser que ésta ha sido la causa de la paralización de las obras, pues con este motivo el Ayuntamiento encargó un Estudio Preliminar de Análisis, Detección y Diagnóstico de dichas pinturas para recuperarlas y restaurarlas con cargo al Ayuntamiento y a la Consejería de Cultura. Este trabajo se realizará cuando se termine la 2ª Fase del Proyecto de Restauración de la Iglesia Parroquial, que debe comenzar en breve, puesto que se tiene el visto bueno de la Dirección General de Bienes Culturales de la Junta de Andalucía, cuyo coste total es de 244.052'49 €. Esta espera está impacientando a gran parte de la población que está deseando volver a entrar en ella. 3. El Puente Es una construcción de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Se inició en 1880 y por problemas relacionados con los terrenos necesarios para su levantamiento se retrasó unos 28 años. Alrededor de 1908 se terminó bajo la dirección del Ingeniero de Caminos D. José Molero Levenfeld.
Puente de Gérgal a principios del S. XX, recién construido. Se puede
observar el cauce de agua que lleva la Rambla.
José Molero Levenfeld era Ingeniero de Caminos, Puertos y Canales. Vivió en Gérgal a finales del siglo XIX y primeros años del siglo XX, adonde llegó con la construcción del ferrocarril Linares-Almería. Invirtió en la compra de tierras en Gérgal, comprando a pequeños propietarios reunió una gran propiedad, que conocemos como El Cortijo Miura, llamado así probablemente porque su esposa se llamaba de primer apellido Miura. Entre 1899-1900 se construyó el ramal ferroviario de 4'5 km. que conectaba la Línea de Ferrocarril Almería-Linares a su paso con la Estación de Gérgal con la Terminal de Gérgal pueblo, llamada también Cruz de Mayo, que recogía por cable el mineral de las minas de hierro. Los terrenos de la Terminal Cruz de Mayo pertenecían al Cortijo Miura y por tanto a su propietario José Molero Levenfeld, que los arrendó a las distintas compañías que se fueron sucediendo en la explotación como "The Soria Mining Company Limited" de Liverpool y "Echevarrieta y Campbell" que desmanteló la Terminal y le devolvió los terrenos en 1930. Como reconocimiento a su labor en la construcción del Puente el Ayuntamiento de Gérgal le puso por nombre Avda José Molero a la calle que une la Calle Sebastián Pérez con el Barrio de Pilanos a través del Puente. ![]()
En su día supuso todo un acontecimiento para el pueblo, pues antes de su construcción el camino de Gérgal a Almería -entonces había carros y caballerías y no existían aún los vehículos- se hacía Rambla abajo que llevaba riachuelos prácticamente todo el año. Uno de los caminos era por la actual Calle Almería -en recuerdo a que por ella se iba a la capital- y se bajaba por la Fuente de la Canaleja hasta la Rambla. A partir de la construcción del Puente se comunicó el pueblo con el Barrio de Pilanos por encima de la Rambla y quedó como el camino de Almería, después Carretera Comarcal 3326 hasta el actual trazado de la A-92 que pasa un poco más abajo de la Rambla por otro puente.
![]() Vista general de La Cimbra desde la Rambla de Gérgal
Su nombre viene de uno de
los significados de la palabra "cimbra" que es la curva de la superficie
interior de un arco o bóveda, pues como podemos apreciar en la
fotografía tiene seis arcos de medio punto. Los árabes, grandes
ingenieros de la cultura del agua, construyeron estos edificios llamados
cimbras para el lavado de la ropa y, es probable, que en este
lugar existiese una antigua cimbra árabe antes de la actual. La
construcción es típica de nuestro entorno, los muros están realizados en
piedra y barro y la techumbre era de maderos. Hace unos pocos años fue
restaurada, se techó con vigas de hormigón y se le colocaron rejas para
su mejor conservación dado que ya no se usa como lavadero.
5.
El Castellón Vista
del Cerro Castellón y Ruinas de la fortaleza
Su enclave sobre un montículo domina un gran territorio, quedando al Norte el pueblo de Gérgal protegido por su Castillo y según cuentan las leyendas, en época árabe, se comunicaban las dos fortalezas por una galería, existiendo en el lugar la boca de una mina que se dice era la entrada, al Este queda la Rambla de Gérgal, al Sur se divisa el Valle del Andarax y al Oeste una serie de cerros que marcan la dirección a Granada.
Ruinas del Castellón y vista de Gérgal desde su emplazamiento
Se dice que en su día era una estación de paso en uno de los caminos que comunicaban Almería y Baza (Granada) y que había en sus inmediaciones, en el extremo Norte, una fundición de mineral de hierro como se puede apreciar en las escorias que aún permanecen allí, que se dedicaría a la reparación o manufactura de material bélico.
Restos de cerámica del Cerro Castellón y escorias de la fundición de
mineral de hierro
En
las ruinas de la fortaleza y en sus alrededores, sobre todo en
unos 1800 m2 de la ladera oriental se
encuentran restos de cerámica árabe almohade-nazarí de
diferentes formas, colores, grabados y esmaltes. Hay una escasa
presencia de cerámica del S. IX que adquiere valores
testimoniales en el XII, en que aparecen dos monedas de plata
(un quilate de 'Alï ben Yüsuf que cita al heredero Sir -1128 a
1139- y un adarme tomín? de Täsufïn), siendo la mayoría de los
fragmentos de la segunda mitad del S. XII, llegando en menor
número hasta 1260 aproximadamente.
Fuente de Datos: "Castillos y Territorio en Al-Andalus". Antonio Malpica (ed.). Editorial Athos-Pérgamos, Granada, 1998.
Fachada principal y vista general de la Ermita de San Sebastián de Gérgal
Con la conquista castellana a finales del
siglo XV la fisonomía urbana de Gérgal -típica de un pueblo morisco con
calles estrechas y retorcidas- fue cambiando progresivamente, pues los
nuevos pobladores buscaron las partes más bajas para instalarse y se
fueron abandonando las más altas. Así cuanto mayor rango o categoría
social tenían, más abajo se instalaban.
Consta de una sola nave con altar mayor en un segundo nivel al que se accede por una escalera de tres peldaños. En la pared frontal del altar, en el centro, hay una hornacina en la que se encuentra ubicado San Sebastián. A la derecha del altar hay una pequeña sacristía. El techo es una armadura de madera a dos aguas, de perfil triangular, formada por vigas y tablas sin ornamentación, que se realizó hace unos sesenta años debido a que el anterior se derrumbó como consecuencia de una gran nevada. En su fachada tiene una gran puerta central -ha sido sustituida por una nueva en la restauración-, sobre ella, en un segundo cuerpo que forma el tejado, un frontón con un óculo -pequeña ventana circular- en su parte central, recubierto de ladrillos vistos y sobre el tejado, en el vértice central, una campana que se aloja bajo un templete de techo triangular. Hasta los años sesenta tenía también en la fachada, a la izquierda, una pequeña capilla acristalada de las Ánimas, con un cepillo para las limosnas. En la pared lateral izquierda se le han abierto dos ventanas altas que dan a la calle.
Interior de la Ermita de San Sebastián Salida
de San Sebastián de su Ermita Moros
y Xtnos a la salida del Santo
La Ermita Con esta reforma se ha colocado en la Ermita una puerta nueva y doce bancos, mejorándose notablemente tanto su aspecto externo como interno.
7.
Ermita de
Santo Sepulcro
Es una construcción sencilla, típica de la zona, de anchos muros de
piedra y barro con una techumbre de maderos que se apoyan en dos
arcadas. A la entrada, a la izquierda, hay una pequeña capilla con un
fresco de Jesús Nazareno en la pared y a la derecha una pila de agua
bendita. En la habitación principal hay adosados a las dos paredes
laterales y a la de la entrada unos bancos de obra o poyos para sentarse
los fieles. También tiene unos bancos de madera. Al fondo tiene una
habitación, con techo de bóveda, que sirve de altar, tiene tres
hornacinas con imágenes y a la derecha de esta habitación hay otra más
pequeña, también abovedada, con un pie de mármol en su centro. Vista de Santo Sepulcro y ruinas Interior de la Ermita de Santo Sepulcro Con la conquista del antiguo Reino de Granada por los Reyes Católicos todas las mezquitas y demás edificios religiosos islámicos se reconvirtieron en iglesias y ermitas, y pasó a ser un santuario de culto cristiano llamándose "El Santo Sepulcro", conservando en su nombre su primitivo origen. Al lado de la ermita están las ruinas de la vivienda que habitaba la persona encargada de su mantenimiento y cuidado, heredera, en cierto modo, de los antiguos ermitaños. La última persona que vivió en ella fue una mujer llamada Isabel, más conocida como "La Sepulcrera". Se marchó de aquí, dejando este cargo, cuando se desencadenó la Guerra Civil. Una leyenda que ha pasado a través de muchas generaciones de gergaleños cuenta que en el camino pedregoso que hay de acceso, se encuentra un hoyo hecho en la piedra que fue donde Jesucristo tuvo una de sus caídas cuando transportaba la Cruz a cuestas y allí clavó su rodilla. Está tapado con una piedra y dentro de él siempre hay una crucecita hecha con unos palos pequeños.
Todos
los años en el mes de mayo, por la tarde, los fieles devotos, sobre
todo las mujeres que son las que se encargan de su mantenimiento y
cuidado, suben a Santo Sepulcro a decirle las novenas a la Virgen
María y muchos años se suele celebrar también una misa en su honor.
Tradicionalmente acudía mucha gente a las romerías que se
organizaban a la Virgen en mayo. Así lo cuenta Juan Antonio de Soria
Contreras en su libro "Viaje y Visita a Gérgal": "tras la ceremonia
religiosa los peregrinos se divertían entre tragos de vino y buena
comida cantando, bailando y jugando a la cucaña hasta que caía la
tarde, hora de regresar a casa". 8.
Ermita de San Gregorio y Ruinas del antiguo Castillo
La Ermita de San Gregorio se encuentra situada al Este del núcleo urbano de Gérgal, sobre la cima de la montaña conocida como Loma de Tablas, muro natural de la parte izquierda del cauce de la Rambla de Gérgal conforme discurre su cauce. Esta enorme montaña comienza en el Barrio de Pilanos de Gérgal y termina por encima del anejo de Tablas, del mismo nombre, hoy deshabitado, frente a las Aneas.
Vistas de la Ermita de San Gregorio
Su antigüedad es desconocida, probablemente sea de la misma época que la Ermita de Santo Sepulcro y tenga también su origen en un enterramiento prehistórico que más tarde, en época árabe, sirvió de sepultura de algún santón que habitó en ella, pasando con la conquista cristiana a ser una Ermita para el culto a la que se bautizó con el nombre de San Gregorio por alguna circunstancia o hecho.
La
Ermita de San Gregorio es una nave de reducidas dimensiones.
Está emplazada por encima de las ruinas de una antigua fortaleza
o castillo de origen árabe. En su interior se encuentra la
imagen del Santo en un pequeño altar y en las paredes hay otros
cuadros, uno de ellos del Santo Cristo del Bosque de Bacares. Se
restauró a mediados de los años setenta del pasado siglo y se
construyó un camino de acceso desde el Barrio de Pilanos. Para
celebrar tal acontecimiento se realizó una romería a la que
fueron muchos vecinos de Gérgal.
La imagen actual de San Gregorio fue donada por un gergaleño,
Esteban Company Ribera, poco después de finalizada la Guerra
Civil. Durante la guerra se destruyeron muchas imágenes, entre
ellas la de San Gregorio, y este paisano, por entonces Capitán
del Ejército en Valencia, como cumplimiento de una promesa llevó
a Gérgal la imagen. La subieron muchos gergaleños a la Ermita en
procesión y como anécdota sucedió que a la vuelta, el hijo del
Capitán se dio cuenta que había perdido el reloj y volvieron
para buscarlo sin ningún resultado. Un año después, un grupo de
personas subió a ver el Santo y una de ellas, María Soria
Contreras, encontró el reloj bajo unas ramas, le dio cuerda,
funcionaba y se lo mandó a Valencia donde vivía.
La antigua fortaleza o castillo árabe debió existir entre los siglos X y XIV. Aún se conservan restos de lo que fueron sus cimientos, sus murallas o sus torres. Está ubicada sobre la cima ascendente de la Loma de Tablas, dominando Gérgal y su valle hasta las sierras que lo delimitan. A su frente se encuentra el Castillo de Gérgal que conocemos en la actualidad, del que lo separa la Rambla de Gérgal sobre la que se asoma en unos grandes peñones a modo de precipicios de difícil acceso. La tradición oral cuenta que los dos castillos se encontraban comunicados en época árabe a través de una galería que pasaba por debajo del cauce de la Rambla. Reforzando esta hipótesis sí se pueden constatar restos de tramos de galerías por debajo del Castillo de Gérgal atravesando la Rambla hacia la Loma de Tablas en el paraje conocido como El Cubillo y también en la zona del Barrio de Pilanos a los pies del antiguo castillo. Ruinas del Antiguo Castillo situado en la Loma de Tablas por debajo de la Ermita de San Gregorio
Esta antigua fortaleza estaba construida de
mampostería con esquistos del lugar y mortero. Su superficie ocupaba
unos 2600 m2. Tiene planta
trapezoidal alargada. Sus torres son rectangulares, la mayor es la
mejor conservada, se encuentra al Norte, sus dimensiones son 7'25 x
3'65 m.; probablemente sería la Torre del Homenaje. En su parte
oriental, menos pendiente, se pueden apreciar los restos de cinco
torreones macizos. La entrada principal debía estar en el ángulo
Sureste por ser la parte más accesible. En su parte occidental sus
muros discontinuos van paralelos al precipicio que el terreno forma
en su vertiente Oeste. Según los restos de muros interiores, se
pueden adivinar habitaciones que pudieron ser viviendas con silos.
Ermita de Cruz de
Mayo
Ermita Cruz de Mayo y Capilla Ánimas Benditas
En su interior alberga un pequeño altar formado por una pirámide
cuadrangular escalonada a base de prismas cuadrangulares de mayor a
menor tamaño. En su cuerpo superior está clavada una cruz de hierro
forjado decorada con adornos a su alrededor del mismo material. Es la
Cruz de Mayo, muy venerada por la población, sobre todo, antiguamente.
Cuenta la tradición oral que en el mes de mayo se adornaba con flores y
se concentraba mucha gente en romería para cantar y rezar a la Virgen
María. Esta costumbre se ha perdido prácticamente y aunque se han hecho
intentos de recuperación, en la actualidad no se realiza. No obstante se
sigue cuidando y manteniendo por personas devotas de la advocación de la
Santa Cruz.
Plaza Vieja como estaba antiguamente Plaza Vieja a principios del siglo XX
Debió construirse a partir de la Repoblación (1571) que se
produjo como consecuencia de la expulsión de los moriscos
después de tres años de guerra tras su sublevación contra el
poder de Felipe II que les negaba su religión, lengua
y costumbres. Las partes altas de Gérgal son típicamente
moriscas, es decir, estrechas, pendientes y retorcidas. Sin
embargo, la parte más baja es más ancha y llana, aquí se
encuentra la actual Calle Sebastián Pérez -anteriormente a 1900
se llamó Calle Real- que conocemos más corrientemente como Calle
Llana y las Plazas Vieja y Nueva, todas ellas de estilo
castellano. Era norma de los nuevos pobladores ocupar las partes
más bajas de los pueblos y ciudades que habían dejado los
moriscos tras su expulsión, de modo que los de mayor categoría o
clase social se instalaban en la zonas más bajas y llanas.
Podemos deducir por tanto que la Plaza Vieja se construiría
siguiendo estas pautas. Plaza
Vieja vista desde
arriba
Plaza Vieja desde el arco de entrada Tiene forma cuadrangular. Por su lado Norte se divisa el Castillo de Gérgal sobre las casas, aquí se encuentra el edificio de la nueva residencia de mayores; por el extremo Noroeste desemboca la Calle Barranco que la atraviesa y va a desembocar a la Rambla de Gérgal y por su extremo Noreste parte la Calle Bacares que es la arteria principal del Barrio del Cubillo, salida natural a la Rambla para ir a Las Aneas, El Almendral, Portocarrero, el Peñón de las Juntas y Sierra de los Filabres; por el lado Sur está el edificio del Ayuntamiento que queda encima de la Calle Sebastián Pérez, abovedada con arcos de entrada y salida a la plaza, formando unos soportales; en su lado Oeste quedan parte de las dependencias del Ayuntamiento, en lo que antiguamente fue la cárcel y una obra en construcción en el solar de la antigua posada; y por el lado Este hay varias viviendas, en una de ellas de la parte central que fue hace años tienda de ultramarinos y taberna, descansó en 1968 Geraldine Chaplin durante el rodaje de la película de Carlos Saura "Stress es tres, tres".
![]()
Rodaje en la Plaza
Vieja de la película de Curro Jiménez Curro Jiménez con Valentín en la Fuente
Ha sido escenario de varias películas, aquí se rodaron escenas de un capítulo de la serie de Curro Jiménez titulado "La gran batalla de Andalucía", de "Un tren para Durango" o de la anteriormente citada "Stress es tres, tres". A continuación puede visualizar un vídeo de la Serie de RTVE Curro Jiménez, rodada en 1975, perteneciente al Capítulo "La Gran Batalla de Andalucía", en el que aparecen las secuencias rodadas en Gérgal con la Plaza Vieja como escenario principal, en la que se pueden ver sus olmos centenarios y su fuente original:
La Plaza Vieja es "la joya de la corona" del urbanismo de Gérgal. Muchas generaciones de gergaleños y gergaleñas recordamos aquel marco incomparable que formaban sus dos olmos centenarios y su fuente de mármol con cuatro caños de agua cristalina cayendo sobre el pilar en armoniosa melodía, a las mujeres llenando los cántaros, a las bestias bebiendo en el pilar, a los niños jugando a mojarse y el fresco que se respiraba en ella un caluroso día de verano. Desgraciadamente perdió mucho de su encanto con la nefasta reforma que se le hizo en 1981 en la que se arrancaron los olmos y la fuente, que fue a parar al recinto privado del Castillo de Gérgal donde permanece en la actualidad. Recientemente, hará unos tres años, se ha remodelado siguiendo el modelo de la antigua plaza, es decir, se ha colocado en el centro una réplica de la fuente de mármol original y dos plantones de olmos, uno a cada lado. Ha recuperado en parte su fisonomía tradicional y conforme crecen los olmos se parece más a la antigua. La principal objeción que se le puede hacer es que la plataforma en la que van la fuente y los olmos era ovalada en la antigua y en la actual es circular, con lo que han quedado los olmos más cerca y se estorban al desarrollarse.
Plaza Vieja con fuente y olmos nuevos Plaza Vieja vista desde el lado Norte
En ella se han celebrado muchas verbenas de
la Feria cuando empezaban los conjuntos musicales con amplificadores
eléctricos, la noche de San Juan en la que la gente con sus juegos y
bromas acababa dentro del pilar, los guateques de los años 60 y 70,
cuando la juventud bailaba con música de tocadiscos en sus amplias
aceras, las tertulias que formaban los mayores sentados en el poyo del
muro que la separa del Barranco, a las mujeres discutiendo por el turno
para llenar los cántaros en la fuente, a la gente comprando y
vendiendo con sus regateos, porque durante muchos años fue mercado
público de vendedores ambulantes de pescado, frutas y verduras, ropa y
zapatos... En fin, está llena de recuerdos
de la vida de los gergaleños y gergaleñas.
El edificio del
Ayuntamiento de Gérgal está ubicado en la Plaza Vieja como hemos
visto anteriormente. La antigüedad de ambos -Ayuntamiento y
Plaza Vieja- debe estar asociada y por tanto se construirían con
las repoblaciones que se hicieron tras la expulsión de los
moriscos en 1571 con cristianos viejos -se llamaban así a los
cristianos de siempre para diferenciarlos de los moriscos
convertidos a la fuerza- venidos de fuera del antiguo Reino
nazarí de Granada. No es probable que se hiciera antes de la
expulsión de los moriscos porque en este período de tiempo la
mayoría de la población era morisca y los cristianos viejos que
residían en el pueblo eran el cura, el sacristán y poco más.
Cuando empezó a crecer Gérgal en población fue a partir de 1591
con la llegada por tercera o cuarta vez de repobladores, pues
las anteriores repoblaciones no habían tenido el éxito esperado.
El estilo castellano se manifiesta en este tipo de plazas con
soportales y arcos de medio punto, pues los árabes no
urbanizaban estos grandes espacios ni calles amplias y llanas.
Ayuntamiento de Puebla del Maestre
(Badajoz)
Ayuntamiento de
Gérgal
La fachada principal del Ayuntamiento da a la Plaza Vieja. Su
decoración es neoclásica. Destacan del conjunto su balcón
corrido con una baranda mirando a la plaza, sus tres arcos de
medio punto, dos que unen los soportales y la calle Sebastián
Pérez y el tercero, construido recientemente en la última
reforma del Ayuntamiento, que sirve de entrada al edificio.
Sobre el balcón central, en lugar preferente bajo el arco que
forma la cornisa, se encuentran el reloj y el escudo de la villa
que elaboró artesanalmente en piedra arenisca a base de
martillo y cincel nuestro paisano Antonio
Tapia López.
Fachada del
Ayuntamiento
Procesión de la Virgen del Carmen frente al Ayuntamiento
En nuestro territorio han existido diferentes asentamientos prehistóricos que conocemos por las manifestaciones culturales que nos han dejado: pinturas, enterramientos, herramientas, vasijas, etc. Las más antiguas conocidas son las pinturas rupestres, cerámicas, piezas de silex, una cuenta de collar en piedra pulimentada y un arete de cobre o bronce del Peñón de las Juntas, a 11 km. de Gérgal rambla arriba. Las pinturas se localizan en el poblado que está en la cima del peñón sobre las paredes de roca de unos abrigos con forma de cueva. Fueron descubiertas por el ingeniero belga M. Siossons que comunicó el hallazgo en 1917 al prehistoriador francés Breuil que los incluyó en su Corpus gracias a la documentación remitida por el geógrafo Jean Serment en 1934 con dibujos de M. Harzic. No son unas pinturas aisladas sino que forman parte de un conjunto rupestre concentrado en la Rambla de Gérgal, entre el Almendral y el Peñón de las Juntas, que se concretan en cuatro estaciones: 1) Abrigo 1 del Peñón de las Juntas, 2) Abrigo II del Peñón de las Juntas, 3) Friso de Puertocarrero y 4) Piedra del Sestero. Pertenecen a las culturas de Los Millares (2500-1900 a. C. - Edad del Cobre) y El Argar (1900-1300 a. C. - Edad del Bronce) que se desarrollaron en nuestra provincia en el poblado de Los Millares (entre la Rambla de Huéchar y el Río Andarax) y el Cerro del Argar en Antas (Almería). Estas manifestaciones pictóricas no surgen a la vez sino que unos modelos creados por una persona se fueron aceptando, reproduciendo y consolidando a nivel de grupo. Se produce una relación simbólica entre lo dibujado y el conjunto de las actividades y preocupaciones de sus creadores, predominando las formas antropomorfas y la ausencia de animales. Están hechas con un pigmento que ha formado varias gamas de color. Pinturas rupestres del panel derecho del Friso de Portocarrero
Arriba fotografía de pinturas rupestres del panel derecho del Friso de Portocarrero.
Pinturas rupestres del Abrigo II del Peñón de las Juntas
En la fotografía de arriba pinturas rupestres del Abrigo II del Peñón de Las Juntas con las figuras retocadas realzando los rojos y eliminando el resto de temperaturas de color. Abajo dibujo de las mismas pinturas en Cuadernos de Prehistoria Nº 6. Universidad de Granada .
Sobre 1950 se encontró en el lugar conocido por Hueco de Don Gonzalo, próximo a Aulago, en una explanada rodeada de colinas, una necrópolis argárica con enterramientos en cistas y ajuar funerario. En la Rambla de Gérgal también se han documentado, por un equipo de investigadores de la Universidad de Granada, tres estructuras megalíticas, un yacimiento romano (en la cabecera) y otros ocho de la época medieval.
Los gergaleños y gergaleñas llaman así al puente del ferrocarril Linares-Almería, en el km. 214/911, que atraviesa la Rambla de Gérgal a la altura de la zona conocida como Las Manchegas, un paraje semidesértico. Aquí hubo durante muchos años una Estación con este mismo nombre que servía para que se pudieran cruzar los trenes ascendentes con los descendentes y para parada y repostaje de las locomotoras que tan trabajosamente subían por la gran pendiente de 22 km. que había entre Santa Fe y Gérgal; en la actualidad sólo quedan las ruinas de lo que fue. El edificio sigue el modelo de la estación gemela de la misma línea, llamada de Cerro Saltador; las dos fueron realizadas por el contratista José Fernández Martínez que también realizaría en 1928 la ampliación de la Estación de Santa Fé por 355.600 ptas. de la época. Estas dos estaciones fueron construidas más tardíamente que las demás por la Compañía de los Ferrocarriles Andaluces, su finalidad era facilitar los cruces para mejorar las condiciones de circulación de la sobrecarga que tenía esta vía única. Se hicieron a finales de los años veinte en los PK 214,325 (Las Manchegas) y PK 224,690 (Cerro Saltador).
Para acceder al Puente de Hierro, alejado de lugares habitados, tenemos varias opciones: podemos bajar la Rambla de Gérgal hacia abajo hasta llegar a él, preferiblemente andando por la dificultad del camino; en coche podemos llegar remontando la Rambla de Gérgal por su cauce desde Santa Fe o bien bajar por la pequeña carretera que, desde Las Alcubillas, sigue el trazado del antiguo Camino Real entre Almería y Granada, del que aún pueden verse puentes del pasado.
Es un puente mixto que consta de tres grandes pilares de forma troncopiramidal, de obra de sillería, que van desde la margen derecha de la Rambla hasta la margen izquierda donde el puente continúa en una estructura de dos arcos de medio punto, de obra de fábrica. Sobre esta base se sustenta una plataforma de hierro, una gran obra de ingeniería, sobre la que va la vía del ferrocarril. En la actualidad se encuentra en funcionamiento como el resto de la línea.
Plano del Puente realizado por RENFE en 1945
Se terminó de construir en 1895. Tiene 162'27 m. de longitud, y se divide en tres tramos, entre pilares. El primero tiene 55 m. y los otros dos 49'60 m. Sus vigas son de las llamadas de "alma llena". Su altura sobre el cauce de la rambla es de unos 50 m. aproximadamente. En la década de los setenta del pasado siglo se reformó como la mayoría de los puentes metálicos de la línea.
Para reconocer y proteger su valor arquitectónico se incluyó en el expediente genérico incoado el 18-07-2002 sobre el Patrimonio Industrial y Minero, que fue resuelto favorablemente el 7-01-2004, figurando desde entonces con esta catalogación. Así aparece protegido como el Inmueble nº 29 de esta Resolución de la Dirección General de Bienes Culturales, entre 44 Bienes Inmuebles, pertenecientes al Patrimonio Industrial relacionados con la minería de los siglos XIX y XX en la provincia de Almería, inscritos con carácter genérico en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz (BOJA nº 29 de 12-02-2004).
El primer proyecto del ferrocarril Linares-Almería fue aprobado en 1877, pero la adjudicación definitiva de la concesión quedaba desierta en las subastas porque no había quien se hiciera cargo de las diferentes propuestas que se hicieron por su elevado coste. No será hasta 1889, cuando en otra subasta, el Banco General de Madrid se queda con la concesión del ferrocarril Linares-Almería. Para conseguir esta concesión influyeron, ante el Gobierno de Sagasta, diferentes personalidades almerienses como: Don Carlos Navarro Rodrigo, diputado provincial, ex ministro de Fomento e impulsor del puerto, el obispo de Almería Don Santos Zárate Martínez, Don Juan Lirola presidente de la Cámara de Comercio y el gergaleño Sebastián Pérez García, senador en Madrid, desde 1891 a 1900 (falleció el 4-12-1900), que tiene su nombre en una de las calles principales de nuestro pueblo, influyó en la aprobación del trazado definitivo de Huéneja a Almería y más tarde en la construcción del ramal de Cruz de Mayo o de Gérgal-pueblo. El Banco General de Madrid transfirió, poco después, la concesión a la Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España que acababa de constituirse. El proyecto estaba valorado en 460.812 pesetas, que debía pagar la empresa concesionaria y la subvención del Estado era de 30 millones de pesetas, más la franquicia, a cobrar durante diez años. Más adelante el gobierno aumentó la subvención, dio más facilidades y permitió modificar el trazado ante la dificultad del proyecto.
La Compañía de los Caminos de Hierro del Sur de España redujo el trazado y lo diseñó con rampas, pendientes, puentes y viaductos excesivamente duros, con el fin de economizar, pero poniendo en peligro su viabilidad. Contrató a la empresa francesa Fives-Lille, de París, la construcción de la línea, y esta empresa cambió de nuevo el trazado por ser demasiado largo y difícil, este trazado ya sería el definitivo: un ferrocarril minero alejado de los pueblos y del valle del Andarax, pues la uva de embarque y el transporte de viajeros no se contemplaban. Las obras del tramo Almería–Benahadux comenzaron en 1890. En 1895 se inauguró la estación de Almería y el tramo Almería–Guadix, y este mismo año fue cuando se terminó de construir el Puente de la Rambla de Gérgal. Hasta 1899, que se acabó el Puente del Salado o viaducto de Larva, -en el Río Salado entre Larva y Quesada (Jaén) de similares características al de Gérgal, el más alto de España, 110 m-, no se llegó hasta Linares, el fin del proyecto, Almería, una vez más, había sido la última capital de provincia conectada a la red general. Simultáneamente a la construcción de la línea Linares–Almería se construyeron también ramales de conexión con la línea general por parte de las compañías mineras explotadoras de las minas de hierro. Comienza la construcción del ramal de Gérgal y los de la comarca del Marquesado de Granada en la que había dos compañías: The Alquife Mines y Bairds Mining, que a pesar de estar muy cercanas, cada una tenía su ramal propio, en la Calahorra y Huéneja, respectivamente. Construirían también, cada una de ellas, su embarcadero propio en el puerto de Almería: el Cable Inglés de la playa de las Almadrabillas (1904) y el Cable de la Playa de San Miguel (1918). Muy pronto se dejarán sentir los errores del proyecto: la rampa de 22 Km entre Santa Fé de Mondújar y Gérgal era un serio problema, los trenes sólo pueden alcanzar de 10 a 12 Km/h, y eso que los trenes que subían iban vacíos; las curvas eran muy cerradas, con radios mínimos; y los puentes y viaductos estaban diseñados para poca carga, sin perspectiva de futuro. Para paliar, en parte, los problemas, se traen nuevas locomotoras, se amplían y refuerzan los sistemas de almacenaje y distribución, y se ponen depuradoras a los depósitos para reducir la cal que contiene el agua. Más adelante, en 1911, se electrificó el tramo Gérgal–Santa Fé, que es un hito en la historia del ferrocarril español, pues fue la primera electrificación de vía ancha en España. Se hizo con corriente alterna, que era la única que permitía el frenado por recuperación, de manera que subían los trenes vacíos con la electricidad que producían los trenes cargados que bajaban.
Las minas de hierro de Gérgal se venían explotando desde los últimos años del S. XIX, con pobres beneficios, debido a que su transporte se hacía en carros hasta la línea principal -Estación de Gérgal-. Para modernizar sus instalaciones era necesario un ramal ferroviario que uniera Gérgal con su estación, de 4´5 Km. La empresa constructora sería The Gérgal Railway and Mines Cº Ltd, de varios propietarios, con Thomas Morell a la cabeza de sus hermanos, de la naviera Morell Brothers y propietario de minas de carbón en Cardiff. Su representante era el empresario Carlos Bahlsen. La empresa tenía arrendadas concesiones en Gérgal, Nacimiento y Escúllar que explotaban los cotos mineros con medios mecánicos de transporte -en Gérgal había un cable que descargaba en Cruz de Mayo y otro en Nacimiento-, hasta la línea principal Linares–Almería. También era propietaria del ferrocarril de Sierra Alhamilla a Almería.
14. La Estación de Ferrocarril de Gérgal
Estación de Gérgal y plano de las vías en 1913 cuando existía el ramal a Cruz de Mayo.
Las obras del tramo Almería-Benahadux comenzaron en 1890. El 25 de julio de 1895 se inauguró la Estación de Almería y el tramo Almería Guadix, lo que nos da idea de que para esta fecha la Estación de Gérgal debía estar terminada o por lo menos avanzada, y hasta 1899 no llegaría el tren a Linares, el final del proyecto. Sin embargo, las obras no concluirían hasta 1904. La Estación de ferrocarril de Almería se levantó en 1893 como obra de prestigio para la Compañía de Hierro del Sur de España y fue fundada en 1899 con el objetivo de transportar minerales de Sierra Morena al puerto almeriense. Su finalidad era en principio minera y por eso se le llamó Almería-Puerto. Es de inspiración francesa, su cuerpo central se relaciona con la Exposición Internacional de París de 1899, con el uso del hierro con ornamentación de su propia técnica constructiva (los remaches de la Torre Eiffel) y las formas del estilo neomudéjar, y por la composición de la fachada (Palacio de Exposiciones de J. Formigé). Su estilo podríamos definirlo como un eclecticismo historicista de origen neoclásico de los siglos XVIII y XIX.
Vista Edificios de la Estación de Gérgal y Final del tramo electrificado en 1911
La Estación de Ferrocarril de Gérgal, sigue el modelo de otras estaciones de la línea Linares-Almería como las de Gádor, Benahadux y Huércal. Estas estaciones rurales serán de una gran simplicidad arquitectónica, las infraestructuras serán mínimas y serán parecidas a una casa de campo dada su sencillez y la lejanía a los núcleos rurales. En el edificio central, mirado de frente, la parte izquierda era la Sala de Espera y Despacho de Billetes, que los que tenemos ya unos pocos años, la hemos visto evolucionar desde cuando tenía una estufa que funcionaba con carbón hasta el mobiliario moderno de sus últimos años. La parte de la derecha, un edificio de dos plantas, ha sido durante mucho tiempo vivienda para residencia del Jefe de Estación y su familia. A su derecha tiene una pequeña parcela ajardinada en la que son características dos antiguas palmeras que aún se conservan en la actualidad. A la izquierda del edificio principal hay una caseta que durante muchos años fue cantina para los viajeros y en la actualidad es Sala de Espera. En el centro de la fachada en lugar visible destaca el nombre de la estación en un letrero grande, que se lee por los dos lados, formando ángulo recto con la fachada para que se vea en los dos sentidos de la vía. También son característicos de este tipo de estaciones un reloj de gran tamaño adosado a la pared y una campana de bronce colgada de un soporte con una cadena que hace sonar el Jefe de Estación para dar entrada y salida a los trenes que paraban.
Locomotoras trifásicas utilizadas en el tramo Gérgal-Santa Fe
Además de los dos edificios descritos, en la estación existía un servicio de tracción que constaba de las salas destinadas al depósito de máquinas, las cocheras, la lamparería, el depósito de aguas y los talleres de reparación.
Tren de mineral de la línea Linares-Almería
La Estación de Gérgal fue uno de los extremos de la primera electrificación española de vía ancha, el otro fue la Estación de Santa Fe. Entre estas dos estaciones había una gran rampa de 22 km. en la que los trenes ascendentes sólo podían alcanzar entre 10 y 12 km/h, por lo que se buscó la solución con la electrificación de la línea, que supuso un hito en la historia del ferrocarril español, pues fue la primera línea de vía ancha electrificada. Se hizo con corriente alterna, que era la única que permitía el frenado por recuperación, de manera que subían los trenes vacíos con la electricidad que producían los trenes cargados que bajaban.
Grúa de agua para suministrar a las locomotoras, Enclavamiento Bouré y Tren en la Estación de Gérgal, año 1965
La Estación de Gérgal estaba comunicada con Gérgal a través del ramal Gérgal Gérgal-pueblo o Cruz de Mayo. Tenía una longitud de 4´5 km. En la estación había cuatro vías para cruce más la salida del ramal que salía del lado de Almería. Antes de su construcción, en su lugar, existía una vía muerta para cargar los vagones con el mineral que llegaba en caballerías y carros. El proyecto del ramal Gérgal–Gérgal pueblo, llamado también Cruz de Mayo, se firmó el 30 de septiembre de 1899 y se inauguraría en 1900. En 1902, ya producía beneficios; el 11 de enero de 1904, dejó de ser explotado por la Compañía Sur y lo tomaría el concesionario de la línea y constructor del ramal The Gérgal Railway and Mines Cº Ltd hasta 1909, que liquidó sus negocios, volviendo de nuevo a la Compañía Sur. En este período (1904-1909) no había obtenido buenos resultados.
Los molinos harineros de Gérgal han sido durante muchos siglos las industrias de transformación de los cereales en harina, alimento básico que ha hecho posible la vida de sus habitantes.
Molino del Sioro, último de la serie que había en la Rambla de Gérgal Desde la antigüedad los molinos harineros han sido elementos necesarios en la cadena de producción del pan, recurso alimenticio básico que ha posibilitado la vida de las personas que se han asentado en Gérgal. Son, por tanto, un patrimonio heredado de las culturas o civilizaciones que se han sucedido a lo largo de los siglos en nuestro territorio, y por ello, objeto de estudio para comprender su evolución y adaptación al medio natural. Origen y evolución de los molinos harineros Se ha considerado al molino la primera máquina de la civilización. Fue el primer invento que supuso importantes avances en las tareas agrícolas, industriales y de índole social, pues consiguió liberar de algunos de los trabajos más pesados a muchas generaciones de personas, sobre todo a las mujeres, que eran las que tradicionalmente se encargaban de moler el trigo. Según la fuente de energía que se aprovecha para la molienda, el hombre ha ingeniado molinos de diferentes tipos o clases. Así, tenemos: los molinos de viento, que aprovechan la fuerza del viento (energía eólica); los molinos harineros, hidráulicos o de agua, que aprovechan la fuerza del agua (energía hidráulica); los molinos de sangre, que aprovechan la fuerza de los animales, mulas o bueyes, con los ojos tapados para no marearse que se enganchaban a unos maderos cruzados al eje para moverlo conforme daban vueltas; los molinos de mano, que aprovechan la fuerza manual humana; los molinos de fuego, que aprovechan la energía de una máquina de vapor o motor, y otras clases de molinos de menor importancia. Si indagamos en la historia, vemos que el hombre primitivo del Paleolítico era nómada, se dedicaba a la caza y a la búsqueda de fruta silvestre, y se alimentaba mayormente de alimentos vegetales sin ningún tipo de transformación o elaboración (granos, bayas, semillas y pequeños frutos). En el Neolítico se hizo sedentario, aprendió a cultivar las plantas que necesitaba y a domesticar animales, se hizo agricultor y ganadero, y pasó de comerse los cereales simplemente masticados a utilizar los molinos de mano para machacar el grano y facilitar su nutrición. En una primera fase del período Neolítico -comenzó en la Península Ibérica unos 7000 años a. C.-, machacaba, trituraba o molía los cereales como el trigo o la cebada, simplemente colocándolos entre dos piedras planas y pulidas, dándole golpes hasta convertirlos en harina recia con la que hacía tortas, papillas o galletas, antecedentes del pan; en una segunda fase, colocándolos sobre una piedra grande ligeramente cóncava y con las manos les pasaba por encima dando vueltas una piedra con forma de rodillo hasta convertirlos en harina (molino de mano o muela) y en una tercera fase utilizaba los morteros y pilones, es decir, sobre un cuenco de piedra o madera colocaban el grano y lo machacaban con un mazo de madera. Las culturas de Los Millares (2500-1900 a. C.) y El Argar (1900-1300 a. C.) que se desarrollaron en la Edad del Cobre en nuestra provincia, y en nuestro territorio, utilizaron y perfeccionaron estos molinos simples. Las siguientes civilizaciones o culturas de la Península Ibérica (tartessos, iberos, celtas, celtíberos, fenicios, griegos, cartagineses…) continuaron perfeccionando el arte de la molienda de los diferentes cereales. Así llegamos a la molineta, que es un pequeño molino de mano compuesto de dos piedras circulares planas superpuestas (la superior móvil y la inferior fija), en el que gira la piedra superior empujada por el brazo humano a través de un palo de madera que va clavado en un agujero lateral. El grano se le echa por un agujero que lleva en el centro de la piedra superior y se muele al girar, saliendo convertido en harina por los bordes. Un ejemplo de este tipo es el molino manual celtíbero. Los griegos y los romanos utilizaron este tipo de molinos de dos piedras planas o muelas y también construyeron artefactos o artilugios que aprovechaban la energía del agua o del viento para aumentar la producción, esfuerzo y mano de obra. Los griegos conocieron los molinos hidráulicos en el siglo VI a. de C. y los romanos los difundieron por su territorio, aunque debido a la abundante mano de obra barata de los esclavos no se desarrollaron lo suficiente, pues existían también los molinos llamados de sangre que movían la piedra de moler que estaba en la primera planta con el trabajo de los esclavos y también con animales de caballería, mulas o bueyes, que daban vueltas con los ojos tapados para no marearse, atados a unos travesaños que se le ponían al eje en la planta baja. Los árabes llegaron a la Península Ibérica en el año 711, conquistándola a los visigodos. Fueron grandes ingenieros de la cultura del agua (fuentes, acequias, balsas, aljibes, baños, norias, molinos harineros, molinos de aceite o almazaras…) y aprovecharon las obras hidráulicas de los romanos y visigodos y las perfeccionaron. Así, mejoraron con nuevas técnicas los molinos harineros que existían cuando llegaron a estas tierras y construyeron otros nuevos, generalizando su uso entre los siglos X y XIII, e incorporaron mejoras técnicas para aumentar su producción como la construcción del cubo. Funcionamiento de los molinos harineros Los molinos harineros han sido los instrumentos más importantes de transformación de la producción de cereales. Los más conocidos son los de rueda vertical con un eje horizontal llamados también aceñas y molinos vitrubianos, que están en lugares donde hay ríos con mucho caudal, y los de rueda horizontal con un eje vertical, que están en lugares donde no hay mucho caudal de agua, como es el caso de Gérgal. Los de rueda vertical funcionan aprovechando la energía producida por la fuerza del agua al caer, que mueve una rueda horizontal de paletas (ruedas vitrubianas), y a través de un sistema de engranajes (catalina y linterna) y de embragues, transmiten el movimiento al eje vertical de una piedra de moler. Los de rueda horizontal o de rodezno tienen un mecanismo más simple, pues el movimiento del rodezno pasa directamente a la piedra o muela giratoria sin necesidad de un engranaje o linterna. Su esquema es como sigue:
Esquema de un Molino Harinero El molino gergaleño, generalmente está integrado en la vivienda del molinero, un cortijo que sigue la tipología rural de la comarca, construido de mampostería con materiales del lugar. El edificio tiene dos partes: la vivienda del molinero y el molino. Cada una tiene su puerta de entrada, la del molino suele ser un portón grande de madera, y se comunican entre ellas por otra puerta o arco. Allí compagina su trabajo de molinero con el de agricultor y ganadero para arrimar a su despensa alimentos básicos como patatas, aceite, huevos, carne… El molinero era ayudado por su mujer, hijos y demás familia en las labores del molino. En Gérgal, debido al escaso caudal de agua que lleva el cauce o acequia que la conduce rambla abajo para regar su vega, los molinos harineros son de roezno (rodezno) o rodete horizontal, de los llamados de cubo. Se llama así a un depósito circular de pequeño diámetro en forma de pozo y caída vertical o algo inclinada (chanfao) que va dentro de un tronco piramidal cuadrangular de obra de mampostería o sillería a base de anillos tubulares labrados en piedra y de una sola pieza llamados atanores con enfoscado interior para evitar pérdidas de agua, a mayor altura que las piedras de moler o muelas. Mediante el cubo se consigue aumentar la potencia de un pequeño caudal de agua para que mueva el rodezno. El cauce de agua o madre vieja en la mayoría de los molinos tenía una presa o pequeña balsa de acumulación con una compuerta de salida que daba mayor velocidad, regularidad y fuerza al agua del canal o acequia que iba al cubo, llamada cao o adelantao. El agua pasaba por una rejilla para impedir el paso de ramas, palos, piedras, etc. y después caía al cubo desde una altura elevada (de 5 a 20 m), de manera que con poca cantidad, aumentando su velocidad, se conseguía en el choque suficiente presión para mover el rodezno que se encontraba debajo del molino en una cueva o gruta abovedada llamada cárcavo o bóveda sobre la que se levanta el edificio del molino. El cárcavo se picaba periódicamente para quitarle la toba o cal del agua que se iba depositando sobre las paredes. El agua que salía del rodezno volvía al cauce de riego por un canal de retorno o socaz.
Cubo, balsa de acumulación y acequia de caída del Molino del Sioro El cubo está lleno de agua mientras el molino funciona. Al final de la caída, en muchos casos, el fondo del cubo se estrecha para aumentar la presión. El agua sale por un conducto inclinado hacia el rodezno, llamado por algunos bomba, que va reduciendo su sección hasta terminar en el saetillo, saetín o saetilla, pieza de forma troncopiramidal hecha de madera o chapa que concentra y dirige el chorro de agua hacia el rodezno. En su parte superior tiene una ventana o compuerta llamada suspirón, que se sujeta fuertemente con la tranca apoyada contra la bóveda, y sirve para limpiarlo en caso de atasco. La paraera (paradera) es una compuerta o plancha que se deja caer sobre el rodezno, rebota el agua en ella y para el mecanismo del molino. Con ella se regula el caudal del agua que golpea las cucharas o paletas del rodezno, y por tanto su velocidad. Se dirige mediante una larga barra de acero que termina en un volante que se acciona manualmente, generalmente desde la sala de la molienda. La fuerza del agua hace girar el engranaje que mueve el eje donde está el empiedro formado por un par de piedras de moler o muelas, llamado también parada. Los molinos de Gérgal solían tener dos paradas (o empiedros), una para moler el trigo y otra para moler cereales de harina más basta como la cebada, el centeno, los yeros, las habas… El mismo rodezno mediante un sistema de embragues permutaba el funcionamiento a los dos juegos de piedras (uno, los dos, o ninguno). El rodezno es una rueda horizontal compuesta de cucharas o álabes también llamadas paletas o cazoletas. En las cucharas se distinguen dos partes: el mango o cola y la cazoleta o pala. Van sujetas por camones que son unos arcos de hierro que sujetan las colas de las cucharas para formar los cuartos. Se unen a través de los radios a la maza del eje o árbol. Los radios son unas piezas de madera que por un lado encajan en un hueco o mortaja de las colas de las cucharas y por el otro lado en la maza. Los cuartos están formados por grupos de 6 a 8 cucharas, montadas en la cárcel, que es el espacio que queda entre los camones inferiores (2) y superiores (2). Las cucharas van perfectamente unidas y encajadas para no dejar pasar el agua entre ellas. Los primeros rodeznos consistían en un armazón de madera de forma troncocónica llamado maza y desde principios del siglo XIX se empezaron a construir metálicos. Consistían en dos llantas de hierro concéntricas, de unos 15 cm. de altura, separadas unos 20 cm. Entre ellas se situaban los vasos, formados por chapas o péndoles, con la parte inferior doblada y ligeramente inclinada, en número de 20, 32 y hasta 40. Las llantas se acoplaban al eje vertical en su parte inferior, llamada árbol o maza, mediante la cruz, que eran dos barras de hierro cruzadas y sujetas a la llanta exterior. El movimiento del rodezno se transmitía directamente a través de un eje vertical a un aparejo donde había un juego de piedras de moler superpuestas horizontalmente, una fija, la solera, colocada directamente sobre el suelo o encajada sobre un rebaje de una bancada de muros de obra y vigas de madera (el alfanje), para que las piedras vibren lo menos posible en beneficio de su mejor conservación de su picado y a la buena calidad de la harina, y otra móvil, la volandera, que gira sobre la anterior mientras recibe de la tolva el grano, y va unida al eje o árbol (palahierro). Su velocidad debe ser de 8 a 10 m/s, equivalentes a unas 120 revoluciones por minuto, pero se aconseja no llegar al máximo para no perjudicar la calidad de la harina. Las dos piedras o muelas han de ser similares y del mismo diámetro para evitar resaltes en alguna de ellas. Su diámetro oscila generalmente entre 90 y 150 cm. y su grosor entre los 50 cm. cuando está nueva y entre 10 y 20 cm. cuando está gastada y debe ser sustituida.
Estado actual del empiedro del Molino del Sioro y del rodezno del Molino de Juan Díaz
La piedra solera tiene en su centro un orificio por el que pasa el palahierro, que en las piedras blancas se tapa con la cama, pieza formada por dos medias lunas de madera. La piedra volandera tiene un agujero en el centro por donde se echa el grano que cae de la tolva para ser molido y en la cara inferior tiene un hueco tallado llamado lavijero en donde encaja la lavija que apoyada sobre el palahierro le transmite el giro. Suele tener unos agujeros en la cara superior para ajustar pesos que la equilibren en su giro y en los laterales dos agujeros diametralmente opuestos donde se enganchan los burlones de la cabria o grúa que la levantan para su picado. Las piedras o muelas eran de dos tipos: blanca o francesa. En la antigüedad todos los molinos funcionaban con piedras blancas, pero a partir de 1930 se empezaron a montar piedras francesas o de La Ferté (localidad francesa de donde provenían). La muela blanca es de una sola pieza, pesaba entre 800 y 1000 kg., se traía de las canteras cercanas, es de material más blando, tenía que ser picada frecuentemente por su gran desgaste y duraba unos dos o tres años. La muela francesa está construida de varias piezas de sílex procedentes de Francia ensambladas entre sí con cemento y zunchadas con dos aros metálicos. El agujero central también lleva un refuerzo metálico que recoge a la lavija. Es mucho más dura que la blanca y por tanto se desgastaba menos y la harina contenía menos impurezas. Si la blanca se picaba hasta dos veces por semana, la francesa sólo se picaba una vez al año.
Piedra blanca del Molino del Sioro y piedra francesa del Molino de Juan Díaz o de Ramón el Molinero El picado de las muelas se hacía levantando la volandera con la cabria o cabría (de Cabrias, estratega egipcio) que era una grúa rústica que se generalizó con el uso de las piedras francesas. Servía para levantar las piedras y poder hacerles unos surcos, picando manualmente las dos caras de contacto de igual manera, con objeto de mejorar la molienda del grano y facilitar la salida de la harina. Las dos piedras tienen unas estrías o surcos en sus dos caras de contacto que constituyen la picadura. Son iguales en ambas piedras, pero en sentido inverso. La picadura se compone de rayones, canales o surcos que recorren la piedra desde el ojo al borde de forma oblicua para que la harina se desplace por ellos hacia el exterior aprovechando la fuerza centrífuga. Los abanicos son unas estrías muy finas de forma curva que se encuentran entre los rayones para que la harina salga hacia ellos, son la picadura propiamente dicha. Esta faena era peligrosa por las partículas que saltaban al cuerpo del picador que necesitaba protegerse. La picadura se hacía periódicamente por el desgaste a que estaban sometidas las muelas, los abanicos se picaban frecuentemente y los rayones una vez al año. Las herramientas que utilizaba eran varias, como la escoda, especie de hacha de doble filo, y la picaera o piqueta o cortante de dos hojas transversales al mango. Los picos y puntas de las herramientas se afilaban en la amolaera, que es una piedra de esmeril sobre un caballete. El conjunto motriz está apoyado en una viga llamada puente o alzapuente que se apoya por un lado en un agujero de la pared del cárcavo, o en un madero o durmiente, y por el otro está colgada de una barra de hierro llamada alivio, vara del alivio o brazo que sirve para separar las muelas por medio de una manivela o husillo y una tuerca. Así, mediante roscado sube y baja el puente, y por tanto todo el conjunto, y se puede levantar la muela volandera para controlar la velocidad y la molienda con tan solo girar una pequeña rueda o tornillo metálico conocido por tornillo o volante del alivio. El eje del rodezno tiene en su parte inferior un pivote llamado gorrón, punta o dado donde se apoya la muela, el eje y el rodezno, que suele ser de acero o bronce y en algunos molinos se sustituye por otra pieza metálica llamada cruz que hace la misma función. El gorrón gira sobre una pieza fija llamada rangua o ragua encajada en el puente, tiene forma de dado, suele ser de bronce y hay que cambiarla con frecuencia por el gran desgaste que sufre. El eje o árbol que transmite el movimiento de giro del rodezno a la piedra corredera se compone de dos partes: la maza (parte inferior) y el palahierro (parte superior). La maza es una pieza de madera troncocónica que tiene en la parte inferior una serie de huecos donde se insertan los radios del rodezno. En la parte superior tiene una mortaja practicada verticalmente o tenaza donde encaja la pala del palahierro que es una barra de hierro o acero de unos 2 m. que conectado a la lavija, pieza metálica casi rectangular o circular acoplada a la muela corredera, le transmite el movimiento. El palahierro está torneado por su extremo superior y termina en un apéndice rectangular, la cresta o bellota, denominado gorro de la lavija, que penetra en ella. Para nivelar la lavija en su unión con la cresta se utilizan unas plantillas llamadas alzacrestas que aseguran el giro uniforme de la piedra y mejor conservación. La parte torneada se ajusta al ojo de la muela solera por medio de la nuez, un cojinete de madera que sostiene el árbol en la posición vertical y le permite girar libremente. Para evitar que el palahierro dé bandazos al girar que perjudican al mantenimiento de las piedras se emplean las sortijas y las ventanas, las primeras son unos anillos que impiden que la tenaza se abra, las segundas son unas cuñas que fijan la unión del palahierro con la maza en la tenaza. En el ojo de la muela volandera está la cama formada por dos medias lunas de madera del mismo diámetro y grosor -por su centro pasa el palahierro- que tiene por finalidad impedir la pérdida de grano entre el palahierro y la embocadura. La sala de molienda es donde el molinero controla el proceso de molturación. En ella están las piedras de moler y las máquinas para la limpieza del grano y cernido de la harina. Suele estar en la planta baja y junto a ella, hay un espacio donde se pesaba el grano y la harina que transportaban las bestias en sacos (grano) y costales (harina). Desde aquí el grano pasaba a una tolva y mediante un elevador se subía a la máquina de limpia y a la lavadora. Cuando el grano estaba limpio y lavado se dejaba en reposo en un atroje (troje) o en el propio tejado del molino para tenerlo listo para su molturación o molienda. De aquí pasaba a la tolva que suministraba el grano a la piedra móvil (volandera) que molía el grano al girar sobre la piedra fija (solera). Esta tolva es una caja troncopiramidal invertida de madera y está suspendida sobre la muela volandera mediante un soporte lateral o con unas angarillas para separarla cuando se levantan las muelas para picarlas o para otra operación. El trigo se echaba por la parte ancha o superior y salía por la parte estrecha o inferior, a través de un canal rectangular inclinado llamado canaleta o canaleja hasta el ojo de la volandera que va suspendido de una cuerda para regular su pendiente y dosificar la caída del grano y que caiga dentro del ojo de la volandera. Para que no se atranque lleva colgado una pequeña vara de madera llamada tarabilla o caíllo que descansa en la volandera, que al girar la mueve y le transmite a la canaleta pequeñas sacudidas que facilitan la caída del grano. Para evitar que la harina que sale entre las piedras se pierda, éstas se recubren con el guardapolvo, un cajón de madera circular o poligonal, sobre el que se coloca la tolva. En la parte superior lleva un agujero por donde cae el grano desde la tolva al ojo de la volandera a través de la canaleta y además tiene unos pequeños agujeros circulares llamados ventiladores para que se airee la harina. El grano cuando cae entre las dos piedras, debido a la fuerza centrífuga y al picado de las piedras, empieza a quebrantarse o molerse cerca del ojo, continuando su recorrido por los rayones hasta el exterior de las piedras para salir convertido en harina, que cae por un canal, la piquera o pitera, al harinal o harinero, una caja grande que está al pie de la armadura de las muelas. Aquí una vez enfriada la harina se llenaba en los costales para trasladarla si el molino no disponía de torno de cernido. Si lo tenía pasaba a éste para clasificarla en harina fina y salvado.
Ruinas del Molino de Juan Díaz y Molino del Partidor de Abrucena, similar a los de Gérgal, donde se ven dos empiedros en los que se aprecian la tolva, el guardapolvo, el harinal y la cabria Los molinos harineros tradicionales fueron incorporando máquinas y equipos para mejorar y facilitar la molienda. Entre estas mejoras tenemos: la máquina de limpia situada en la planta alta, donde se cernía el grano que se que se subía de la tolva situada en la planta baja a través de un elevador de correas y cangilones, para quitarle impurezas, ramas, etc.; la lavadora que lavaba y humedecía homogéneamente el grano antes de molerlo; y el torno de cernido que separaba las diferentes calidades de harina mediante un tambor giratorio de tela de seda. La harina en rama que salía de las piedras se subía con un elevador de correas y cangilones al torno de cernido donde se separaba la harina del salvado, sémola, etc. La harina cernida se almacenaba en una tolva para repartirla en costales a sus propietarios, quedándose el molinero con la maquila, que era la cantidad de harina que cobraba por su trabajo, por lo general, un celemín por fanega molida, es decir, la doceava parte. Las medidas usadas para el grano y la harina eran el medio celemín, el celemín, el cuartillo o cuartilla y la fanega. Las clases de trigo que se cosechaba en Gérgal eran principalmente: - Pichi o Candeal, trigo corto y blando, que hacia una harina muy blanca (especial para dulces). - Cañi-hueco, trigo alargado y duro, cuya harina era más dorada, más indicado para pan y para migas. - Nano y Valenciano, un intermedio entre los anteriores, su harina era utilizada para todo. Los molinos harineros de Gérgal En cada uno de los molinos que había en Gérgal se podían moler diariamente por término medio 7 u 8 fanegas de trigo. También se molían en ellos cada cierto tiempo los pimientos coloraos para hacer el pimentón. En estos molinos solía haber dos pares de piedras, unas para moler el trigo y otra para los cereales que daban la harina más basta como la cebada. La maquinaria del molino era construida por artesanos del lugar, albañiles, carpinteros y herreros. Todos los materiales eran de la zona, menos la piedra volandera que había que traerla de fuera. La mayoría de los molinos se concentraban en la Rambla de Gérgal, porque por ella bajaban de la Sierra de Los Filabres, a través de las cuencas de los Barrancos o Arroyos de la Dehesa (o de La Virgen) y del Toril, aguas espontáneas y alumbradas, y también de muchas de las fuentes que había por entonces en ella. En Aulago, anejo de Gérgal, también había un molino harinero en su rambla de las mismas características. En Gérgal, aunque no hay constancia de que los romanos construyeran este tipo de molinos, no podemos descartar que los fabricaran -a pesar de que para ellos era más fácil utilizar los molinos de sangre con esclavos o con bestias- si tenemos en cuenta que la torre que alberga el cubo parece estar construida con técnica romana de cantería y que estuvieron instalados en nuestro territorio como lo demuestra un yacimiento romano en la cabecera de la Rambla. Los restos de los molinos que han llegado hasta nosotros tienen toda la apariencia de haber sido construidos por los árabes.
Ruinas del empiedro y del cubo del Molino de Juan Martínez
Los Libros de Apeo y Repartimiento se realizaron a partir de 1571 para establecer las lindes de los nuevos repobladores que vinieron a ocupar estas tierras después de la expulsión de los moriscos. De Gérgal sólo se conserva el de Apeo, que es muy completo en información, contiene un inventario de las propiedades de los moriscos y cristianos viejos del pueblo (incluidas las del Conde de La Puebla y las de la Iglesia). Se describen con todo detalle las propiedades de los cristianos viejos que eran muy pocas y dispersas, y las de los moriscos que se midieron en grandes pagos. Según el Libro de Apeo, en Gérgal había 8 molinos harineros. Se localizaban en la Rambla de Gérgal, entre el Peñón de Las Juntas y El Cubillo. Eran unos artefactos pequeños y simples, de rueda horizontal y una sola piedra (un par). Su construcción era tan básica que algunos tenían el cubo de madera. El conocedor morisco, Diego Hernández el Chaguid, que había nacido y vivido en Gérgal durante 60 años, fue traído desde Úbeda (Jaén) -donde llevaba 5 años como consecuencia de la expulsión de los moriscos en 1570- como experto para suministrar información en la elaboración del Libro de Apeo. Declaró “que todos los dichos molinos están caydos y maltratados”. Había muchos molinos, uno por cada 25 vecinos, proporción muy alta si la comparamos con otros pueblos del Reino de Granada. Esta abundancia se puede explicar por el escaso caudal de la Rambla de Gérgal que no permitía construir artefactos más grandes de mayor producción. El Conde de La Puebla autorizó su construcción y se reservó el derecho de percibir la quinta parte de la renta que produjesen. El apeo los describe por orden de proximidad al pueblo, desde los que están más bajos en el cauce de la rambla a los que están más altos en su cabecera. El primero se encontraba junto al pueblo: “que se dice rahal mancha de Diego el Huzaya, morisco, junto a las casas, cerca de la fuente, linde del camyno antyguo de Tavernas, que es de quvo, de una piedra. Está razonable”. El segundo, lo describe así: “…está más arriba, en el pago de Aynalhadid, pertenecía a un tal Zeydi y a otros moriscos…”. El tercero: “…más arriba… entre los pagos de Maxar y Gicares…Está bueno y tiene el quvo fecho en peña”. El cuarto: “…más arriba, en el pago de Gicares…de una rueda, de Francisco Azafarane, morisco…”. El quinto: “…más arriba, que se dize de Hazali, que hera de Francisco el Chaguid, no tyene más del quvo”. El sexto: “…que no tyene quvo y era de madera y no tyene ningún aderezo, que era de Diego el Chaguid (el conocedor morisco traído para el apeo), se hallaba en el pago de Gicares. El séptimo: “…en el mismo pago, pero más arriba, también tiene el quvo de madera”. El octavo y último: “tiene quvo y una sola piedra”. El Catastro de Ensenada se realizó entre 1749 y 1756 con la principal finalidad de recaudar impuestos mediante una contribución única, objetivo que no se consiguió, pero sirvió también de gran inventario de los pueblos (en total 15.000 lugares) y provincias (22) que formaban la Corona de Castilla. Fue encargado por el rey Fernando VI a propuesta de su ministro el Marqués de la Ensenada. Es el primer censo que se hizo de la población española y nos aporta muchos datos para el estudio económico y social de la época. En él se dice que en Gérgal había 11 molinos harineros, uno propiedad de un eclesiástico (patrimonial), 6 de dones seculares, y uno de forasteros, D. Juan Antonio Carbonel, gran propietario de tierras en la Taha de Marchena, residente en Alhabia. De los 10 molinos harineros que había en Tabernas, uno de ellos era de D. Diego de Góngora, vecino de Gérgal. La producción de los 11 molinos harineros que había en Gérgal daba un total anual de 5.650 reales y una media de 513 reales por molino, rendimiento medio que estaba un poco por debajo de la media de los molinos de la zona del Valle del Andarax, que era de 682 reales, algo más del doble de la media considerada para un jornalero. El Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de Pascual Madoz (1845-1850), nos dice que por estas fechas había en Gérgal 8 molinos harineros y 5 de aceite.
Ruinas del Molino de Luis Rita y del Molino de Los Millonarios
En 1897 se aprobó la constitución de la Comunidad de Regantes de los Pagos Generales de la Villa de Gérgal, popularmente conocida por el Sindicato de Riego, reconociéndose propietaria de las mencionadas aguas y de las presas, balsas y acequias que las encauzaban. Desde la Balsa de Las Juntas sale una acequia que va de un lado a otro de la rambla, pasando por varias presas y balsas, y llega hasta la Balsa del Cubillo, de la que parten dos acequias, una para el Pago de la Cruz Blanca, que discurre por debajo de las casas, y otra para el Pago de Pilanos. De la acequia principal o cauce -con el tiempo se construyó de hormigón- que recorre la rambla, aprovechaban la fuerza motriz de su agua, quince molinos harineros situados a uno y otro lado de su ribera. Según las Ordenanzas de la Comunidad de Regantes de los Pagos de esta Villa, en su Artículo 4º, dice: “…Y para el aprovechamiento de su fuerza motriz los quince Molinos harineros situados en la ribera, conocidos por de las Juntas, Portocarrero, y Balsa Grande. Los primeros en número de dos, sin específica nominación, radican en la falda de la loma de las juntas, entre el peñón de igual nombre y el ángulo que forma la incorporación de los Arroyos de la Dehesa y Toril, al final de aquellos. Los segundos en número de nueve son igualmente nominados, De Parra, de D. Marcos, de Corona, de Capullo, de los Castaños, de Martín, de Vidal, de Pizarro y París, colocados por el órden que enunciados quedan, siendo su situación, segundo, tercero, cuarto y quinto, lado de Levante de la Rambla y falda del Cerro de Hinojos; y la de las cinco restantes al de Poniente, en la forma siguiente; el primero en la Olla de Ana, el sexto y séptimo en la terminación del Cerro de la Brujona, y el octavo y noveno, en la del Cerro del Almendral. Los terceros ó de Balsa Grande son cuatro y se denominan, empezando por el más próximo inmediatamente á dicha Balsa: Del Pardo, del Mamón, de Montero y de Pepico, todos al lado de Levante y falda de la Loma de Tablas. Los precitados molinos harineros tienen el derecho a aplicar á sus artefactos como fuerza motriz. 1º Los de las Juntas, las aguas que discurren por los Arroyos de la Dehesa y Toril. 2º Y los demás ó sean los de Portocarrero y Balsa Grande, todas las que la Comunidad de regantes pase por los cáuces fijos ya determinados; pero solo en la cantidad que mejor convenga á su aprovechamiento por la misma, y sin que el especificado derecho les autorice por ningún concepto á estos ni á aquellos á usarla abusivamente, ya desperdiciándola, ya alterando su cantidad ó ya distrayéndolas con cubadas ó de cualquiera otra forma.” En su Artículo 9º, dice: “Los derechos y obligaciones correspondientes á los Molinos, y en general, á los artefactos que aprovechen la fuerza motriz del agua, se determinarán de una vez para siempre, como se convenga entre los regantes y los propietarios de dichos artefactos, sin perjuicio de las modificaciones que puedan acordarse con el mutuo consentimiento de ambas partes.”
El Anuario de Almería de 1925 dice que los propietarios de los molinos harineros que había en Gérgal eran de: Francisco Cruz Pérez, Juan Díaz Martínez, Antonio Iglesias Sánchez y Antonio Martínez Carreño.
Molino de Juan Parra, único que está listo para funcionar de la serie que había en la Rambla de Gérgal
A continuación un inventario de los molinos de Gérgal elaborado preguntando a personas que los han conocido y visitando algunos in situ. Mi agradecimiento a Paco el Sioro que me enseñó y explicó el funcionamiento de su molino, a Paco Rita por las información que me ha dado y a Manolo Llanos y su esposa Mari Trini por la información que me han facilitado. Todos están en ruinas a excepción del conocido como de Juan Parra Romero que su actual propietario, Manolo Llanos, ha restaurado y lo ha dejado listo para funcionar. Empezando por la cabecera de la Rambla, tenemos: - Peñón de Las Juntas, en el castaño, en medio de los dos arroyos (Toril y La Virgen). - Matías, a la derecha. - Luis Rita, a la izquierda, frente a Portocarrero. - Antonio el Pujavante, a la izquierda. - Miguel el Bizco, a la izquierda. - Los Millonarios, a la derecha. - Los Orozcos, o de Juan Martínez, a la derecha. - Bonifacio el Chiquitico, o de su hijo Ramón el Molinero, o de Juan Díaz, a la derecha. - Doña Gracia, a la derecha. - Juan Parra Romero, a la izquierda. - Los Parras (Juan y Emilio), a la izquierda. - Los Sioros, a la izquierda.
Son todos ellos un patrimonio industrial que estamos obligados a estudiar, conservar y en la medida de lo posible recuperar. Bibliografía
(En construcción, perdonen las molestias)
(En construcción, perdonen las molestias)
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